Apagón
No se apagó una madurez popular, que a fuerza de palos se va forjando en la necesidad de cuidar de sí misma y poner los hechos por delante de los gestos
Prensa en papel con la información del apagón en un kiosco de Sevilla. A 29 de abril de 2025Tras el inesperado apagón que dejó sin suministro eléctrico a el país.
De aquel clásico de nuestros mayores de “apagad la luz que corre el contador” a las fórmulas polinómicas para calcular la hora exacta de poner la lavadora sin fastidiar al vecindario, hemos pasado al gran apagón (he mirado por encima y hay una decena de películas o series con parecido título e idéntica temática) casi sin solución de continuidad. O con. Porque la irrupción de las energías limpias o renovables y todos sus corolarios ambientales, económicos e incluso estéticos, supone un largo punto de inflexión.
El aeropuerto de Kochi, en Kerala, funge ser el único alimentado exclusivamente por placas solares (fotovoltaicas), aunque no se libra de inundación en los monzones más duros y procura conducir las aguas. Y en Vaikom hay un ferry propulsado por energía solar que cruza desde su Marine Drive hasta la otra orilla del lago Vembanad, si bien otros muy ingeniosos y tradicionales, se mantienen de guardia. Una suerte de equilibrio razonable entre innovación y costumbre.
Más cerca, la isla de El Hierro ha logrado autonomía integral energética, mediante la combinación de la eólica de los molinos de viento y una ingeniosa ayuda hidráulica. Ambas de cero emisiones. Al ahorro millonario han sumado un atractivo turístico sostenible y se ha erigido en modelo a considerar y seguir. Un equilibrio virtuoso de energía blanca, inestable ocasionalmente, con la concurrencia de un sistema firme y de control posible.
Preparábamos la mona de San Vicente en un lunes soleado, tras pasar por la Feria del Libro que está atestada de visitantes a diario, cuando el mapa de España se vino a negro en lo eléctrico. El jueves, 350.000 personas “peregrinaron” desde la concatedral de Alicante al Monasterio de la Santa Faz (Faz divina, misericordia) con no menos sol y una luz especial y muy propia de la celebración. Tuve el privilegio de acompañarlas. En gran parte de la Comunitat el lunes fue festivo y el comercio en su mayoría permanecía cerrado. No se observaron salvo excepciones -cuesta creer que, como he oído, se produjeran crisis de ansiedad en adolescentes que no podían hacer uso del móvil- conductas irregulares. Y afortunadamente las ciudades fueron recobrando la electricidad antes del anochecer. En el medio rural más tarde. El apagón fue general y duradero, pero no fue total.
El abandono de criterios científicos en la toma de decisiones estratégicas y más aún su sustitución por cualesquiera otros, resulta un apagón integral del progreso, de las peores consecuencias
No se apagó el optimismo ni las ganas de disfrutar de los amigos, no se apagó el buen humor ni la sensatez, no se apagó la solidaridad ni la voluntad de servicio al otro. No se apagó la profesionalidad de los servicios públicos, ni mucho menos de la policía y las fuerzas del orden. No se apagó la colaboración entre la administración y la sociedad civil. Y no se apagó una madurez popular, que a fuerza de palos se va forjando en la necesidad de cuidar de sí misma y poner los hechos por delante de los gestos. Una madurez social -la juventud incluida- que afortunadamente volvemos a practicar los españoles.
Cuesta trabajo creer que las causas -cuales sean- de este nuevo “cisne negro” pudieran ser provocadas, desconocidas o absolutamente imprevistas, como cuesta aceptar que una vez más pudiéramos asistir a una indolencia catastrófica fruto de la ausencia o de la ignorancia de la opinión y el dictamen de expertos. El abandono de criterios científicos en la toma de decisiones estratégicas y más aún su sustitución por cualesquiera otros, resulta un apagón integral del progreso, de las peores consecuencias. A eso no podemos estar abocados.
Afortunadamente, el apagón general del otro día no fue un apagón total. Y otro perro con esos huesos.