El creador como mediador cultural
Cuando reconocemos el valor de consenso de la cultura y de los constructores de puentes para ser recorridos en ambos sentidos
Encuentro de culturas celebrado en Valencia.
He tenido la oportunidad de participar como invitado en la Multaqa de las Culturas, XXI edición de este “encuentro amistoso” (significado de este término árabe elegido por Federico Mayor en sus tiempos de Director General de la UNESCO), de la que el presidente de la Asociación Valencia Mediterráneo para la UNESCO, Rafael Monzó, da cuenta en esta misma edición de ESdiario.
Por mi condición docente y profesional de arquitecto, he querido recordar las palabras del Premio Nobel Octavio Paz: “la arquitectura es el testigo insobornable de la historia”. Nunca mejor condensada su capacidad de dar inopinable fe de conocimientos y prácticas, de las técnicas y materiales de cada época, de los usos y costumbres de las gentes, de la organización social y sus formas de empleo y economía. De los modos de habitar, tanto en lo privado como en lo público. Desde los constructores del cobijo primitivo, la cabaña del agricultor o la tienda del nómada, y la activa participación de las mujeres nativas en la construcción de la casa de las leyes de Indias, de las que me cuenta Lola Higueras, hasta las residencias burguesas de Matilde Ucelay, la primera española con título de arquitecto; desde la maestría de Pere Comte en la Lonja de la Seda Valencia, hasta la destreza Cristina Grau en la rehabilitación del Rialto.
Un largo itinerario histórico que renuncio a ampliar aquí, en el que a la nobleza insobornable de la arquitectura se une el permanente e irrenunciable papel de servicio del arquitecto. De auténtico mediador entre la innovación y el progreso al que la sociedad aspira, mediante el objeto de su creación.
No es distinta la función de cualquiera de los profesionales de las Bellas Artes en su conjunto. Artistas plásticos, pintores, escultores, ilustradores, así como escritores y poetas, músicos y profesionales de las artes escénicas y audiovisuales. Todos ellos genuinos mediadores culturales.
Recientemente han comparecido en sesión de trabajo de la Comisión de las Artes del Consell Valencià de Cultura, expertos entre los que se encontraba Xelo Bosch en su calidad de presidenta de los artistas valencianos, que han visto agudizada por la DANA la vulnerabilidad producto de su ya ancestral crítica situación laboral. El atasco del Estatuto del Artista a nivel legislativo o el aplazamiento sine die de medidas fiscales relacionadas con cuotas o módulos específicos de autónomos o un IVA reducido, contrasta con la importancia del sujeto y del conjunto de la industria cultural.
Sabemos de las dificultades por las que atraviesan el resto de sectores. Y no ignoramos los obstáculos en el mundo científico desde Javier de Balmis a Santiago Grisolía y Pilar Mateo.
Como sabemos de la importancia de la mediación en la resolución pacífica de conflictos mientras asistimos al horror de la muerte diaria de inocentes en las guerras que asolan el mundo. Cuando reconocemos el valor de consenso de la cultura y de los constructores de puentes para ser recorridos en ambos sentidos.
La XXI Multaqa, pluricultural encuentro de hermanos, con el acuerdo abrahámico que representa el Grial de Valencia, ha resultado en sí misma mediación para la esperanza, con esa categoría que Adela Cortina dedica a su cultivo más allá del optimismo pasajero, y una razón más para apoyar la candidatura de Valencia a su designación como Ciudad Internacional para la Mediación, a la que se adhirió el CVC el pasado año.
Esta nueva convocatoria, con representación de la Generalitat Valenciana y del Ayuntamiento de Valencia, viene a constatar la reconocida hospitalidad valenciana, tierra de acogida y consensos, capaz de celebrar y liderar el definitivo encuentro de las dos orillas del Mare Nostrum como de “ofrenar noves glories a Espanya”. Y en eso el creador, como mediador cultural que es, juega un papel relevante que exige reconocimiento social y legislativo.