Pedro Sánchez acorralado se agarra a Mazón para intentar no hundirse
En la última sesión de control intenta desviar la atención hacia el caso dana para evadir los escándalos que le rodean
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,en la sesión de control al Gobierno, en el Congreso de los Diputados.
La semana ha supuesto un duro golpe para el Gobierno de Pedro Sánchez, con el procesamiento por primera vez en la historia de la democracia del fiscal general, el escándalo del presunto ataque a la UCO que desveló la fontanera Leyre Díez o el registro domiciliario de su mano derecha, el exministro José Luís Ábalos, por presuntamente llevarse mordidas a cambio de adjudicar contratos públicos. Sánchez se ha tenido que enfrentar a todo ello en la última sesión de control en el Congreso de los Diputados antes de irse de de vacaciones a disfrutar del Falcon el Palacio de Lanzarote o el de Doñana. Su reacción, disparar al plato y, sin argumento para defenderse, ejecutar un cambio de pareja política, agarrándose al caso de la dana de Valencia y al 'president' Carlos Mazón.
Cuando el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, le ha interpelado por las corruptelas de su entorno próximo, Sánchez lo elude -como viene siendo habitual- y salta con el apoyo que brindó el líder popular al presidente Carlos Mazón en el acto de Alicante la tarde del día anterior. "Y le dice buen trabajo. Es faltar a la verdad y al respeto de las víctimas de la dana", ha replicado.
Que la primera parada en el tour pre-congreso de Feijóo haya sido en Alicante supone un cierre de filas con Carlos Mazón, como un pasar de página. Pero solo eso. Ya no le quedan más balas a Sánchez, acorralado además por la investigación de su mujer y su hermano por distintos casos. Estos, según él, no son 'los casos de corrupción de Pedro Sánchez'. En cambio, da un giro a los hechos sobre el caso del fiscal general y la fiscalidad del anónimo o no personaje público novio de Ayuso para hablar directamente de "la corrupción de la señora Ayuso".
A la deriva de un mar de ingobernabilidad, al presidente no le ha quedado otra opción que usar la situación de emergencia que un día miró de perfil como algo ajeno ahora como tabla para no hundirse. Un argumento ya frecuente en La Moncloa y con el que se despide dando carpetazo a la temporada parlamentaria.