Un futuro incierto ( y III)

La comunicación de Morant ha sido percibida como poco efectiva, lejana o demasiado técnica, desde su residencia en Madrid

La ministra y candidata socialista a la Generalitat, Diana Morant, con el presidente de la Generalitat, Carlos Mazónrober solsona

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La situación política en la Comunidad Valenciana es incierta y está marcada por la interacción de múltiples factores. La gestión de la DANA, la falta de financiación y el encarecimiento de la vivienda que afecta a la emancipación de los jóvenes, serán temas cruciales en la mente de los electores en un panorama donde las expectativas y la frustración se entrelazan. En esa situación, destaca la incapacidad de Dina Morant para consolidarse como alternativa a la presidencia de la Generalitat Valenciana, la reconstrucción de los efectos de la DANA bajo la dirección de Carlos Mazón, que recupera liderazgo perdido, y la irrupción de Paco Camps en el escenario político valenciano buscando restaurar la hegemonía de la derecha, ahora escindida por el empuje electoral de Vox.

La negativa de Pedro Sánchez de abordar un nuevo sistema de financiación que resuelva la infrafinanciación histórica de la Comunidad Valenciana y dar su apoyo a la propuesta de 'soberanía fiscal' para Cataluña, ha generado un clima de descontento políticamente traducido en una falta de confianza en Diana Morant como líder del PSPV. Uno de los temas más sensibles en la mente de los valencianos es la histórica infrafinanciación de la Comunidad Valenciana y la percepción de estar marginada por el poder central respecto a otras autonomías. Si se percibe que Morant no ha sabido presionar con suficiente fuerza o eficacia al gobierno de Pedro Sánchez para mejorar esta situación, o se ha inhibido, su imagen puede verse afectada negativamente.

No es de extrañar que el ciudadano desconfié de sus propuestas. En la gestión de problemas muy concretos, como el encarecimiento de la vivienda o la respuesta a la DANA, el PSPV no hizo lo que se esperaba. En esos casos, la habilidad para comunicar de manera clara, cercana y convincente es fundamental; si la comunicación de Morant ha sido percibida como poco efectiva, lejana o demasiado técnica, como así ha sido desde su residencia en Madrid, puede haber contribuido al desgaste de su imagen pública.

Además, el desgaste del PSOE a nivel nacional, especialmente en temas polémicos como la corrupción que alcanza al entorno familiar de Pedro Sánchez y sus personas de confianza en la dirección del partido, puede afectar a sus líderes regionales. Diana Morant, siendo designada por Sánchez, puede estar pagando el precio del desgaste general del partido. Puede que esté afectada del “síndrome de Lerma” que terminó pagando en votos el tremendo desgaste de Felipe González en 1995, asumiendo personalmente la derrota del PSPV.

Hay otro factor que alcanza el desprestigio de Diana Morant: su falta de visión estratégica como líder político. En el pasado congreso del PSPV apostó su éxito político al desalojo de Carlos Mazón del Palau de la Generalitat; no había para ella otra alternativa que exigir su dimisión. Sin embargo, las cosas no han sido como pensaba. La iniciativa de Carlos Mazón para impulsar la reconstrucción tras los efectos devastadores de la DANA es un punto clave de inflexión en la crisis de su liderazgo; al no retirarse, afrontar las críticas y tomar la iniciativa de la recuperación en un momento crítico, tiene la oportunidad de consolidar su imagen como un líder eficaz si logra resultados tangibles y positivos cara a la confrontación electoral de 2027. La falta de colaboración del gobierno de Pedro Sánchez podría contribuir, además, a engrandecer su gestión. La opinión pública estará atenta a los plazos y resultados, lo que influirá en sus expectativas electorales.

El regreso de Paco Camps a la escena política añade una nueva dimensión al panorama electoral. Camps, ex presidente de la Generalitat, ha confirmado su candidatura para liderar el PPCV, desafiando las intenciones de la sede central del PP, a la calle Génova, que ha postpuesto “sine die” la convocatoria del Congreso regional. Si logra atraer a los votantes descontentos con el PP que emigraron a Vox, y a los simpatizantes del PPCV desmotivados, podría provocar un realineamiento en la política valenciana.

Esa irrupción va a caracterizar la cita electoral en 2027. El liderazgo del PPCV que designe Génova, o va a depender del apoyo incondicional de Vox para seguir presidiendo la Generalitat, o no. Carlos Mazón puede conseguir recuperar su liderazgo y revalidar su candidatura, pero sus expectativas electorales de hoy no superan las alcanzadas en mayo de 2023, por lo que seguiría necesitando el apoyo y colaboración de Vox para formar gobierno y aprobar los presupuestos. Efectivamente, los escaños que alcanzaría el PPCV no superarían la suma de los del PSPV y Compromís. Sería un “deja vu” de julio del 2023

Sin embargo, una alternativa que incorporara a votantes que “emigraron” a Vox por los errores de la época Rajoy y consecuentemente, los escaños conseguidos por el PPCV fueran superiores a los de PPV y Compromís juntos, la presión política de Vox amainaría; solo haría falta su abstención para que el PPCV presidiera el Consell y la negociación de los presupuestos seria variable. ¿Podría ser el momento de Paco Camps?

La situación es incierta, aún más porque la decisión última de quien será el líder del PPCV con quien Diana Morant disputará la presidencia de la Generalitat dependerá de la calle Génova. Ante la quiebra de expectativas del PSPV, siendo Compromís “un cero a la izquierda”, y con el envalentonamiento de Abascal y sus “poncios” valencianos, Núñez Feijóo sabrá lo que quiere. Ya nos lo dirá, más pronto o más tarde.