Siguiendo a María

Las artes plásticas valencianas gozan de una excelente salud

Las últimas obras de Maria Aranguren, titulados Trascódigos, se pueden contemplan en Shiras

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Han sido días de vértigo en una explosión de poderío de las artes plásticas, de las Bellas Artes valencianas. Y no es fácil resumirlo.

Delgado Abogados, generoso anfitrión de Rebeca Plana “una de las voces esenciales de la abstracción contemporánea valenciana” como bien reza en la breve nota que anuncia la muestra que con el nombre de Sueño en negro, convierte la sala social de la prestigiosa firma de la abogacía valenciana en un universo de sensaciones que en ocasiones rebotan de un cuadro a otro. Una obra decidida y enérgica que transparenta autenticidad.

Reconocer en el sereno señorío de Simone Fattal, al recoger en el IVAM el premio Julio González de la Generalitat Valenciana 2025, la pureza de un trabajo tan estricto que pudiera parecer intemporal, conduce a las esencias del arte moderno. Y al discurso de la flamante directora del museo, Blanca de la Torre, me remito para comprender la importancia de la trayectoria de la artista criada entre Damasco y Beirut y crecida en el mundo. Philippe Grimminger en representación de los siempre generosos herederos de González, la acompañó personalmente. También Miquel Navarro y Aurora Valero. Las imágenes de sus piezas conviviendo con las arqueológicas del museo parisino son fiel testimonio de la grandeza de la galardonada. De la inteligente colaboración con el MACA alicantino, sin salir del IVAM se puede disfrutar del trabajo de Kara Walker en su Burning Village. Simultáneamente se inauguró esa colectiva brillante, Habitar las sombras, para disfrutar entre tantos otros de la maestría de Louise Bourgeois y de la de nuestra paisana Natividad Navalón. Una muestra de excelencia.

Tras la apertura en junio de la Sala Juan de Juanes en el Museo de Bellas Artes, su inquieto director Pablo González, nos regala al regreso de las vacaciones con el Primer Renacimiento y los primeros renacimientos, de manera que entre un conjunto de piezas maestras más cercanas, descubramos a Alonso Berruguete y al propio Boticelli con un hermoso retrato de joven de la nobleza italiana, depositado desde 2021 por la familia Guardans i Cambó.

No ha faltado el cómic en este festival otoñal que la luz de Valencia engrandece -en breve Sorolla en la Fundación Bancaja- con la entrega del Premio Ciutat de Valencia a Elva Lombardía. Ni la apuesta vanguardista del Museo González Martí que su director Jaume Coll, hace en sus exposiciones temporales. Así lo acredita ahora Sandra Val con la exhibición Erótica del tiempo, un itinerario de emociones que traslada al espectador a esa magia temporal que evoca el título.

Y en el día de las galerías de arte, esa traca final que ha resonado simultánea en las numerosas galerías valencianas, tras la noche ABIERTO en el Centro del Carmen que dirige Nico Bugeda, con la propia Asociación de Galerías de Arte de la Comunitat Valenciana, no me he resistido a pasar por Shiras a ver lo último de María Aranguren. Ella lo ha llamado Transcódigos. Yo me he quedado traspuesto. Sigo a María desde aquellos tiempos de “lametro” de Marisa García y sé bien de lo talentuda como se desempeña. Tan cuidadosa -cariñosa incluso- con la geometría como generosa con la paleta de color, tan audaz en la innovación permanente, el recorrido por su obra es un viaje ascendente que no elude la sorpresa ni evita la curiosidad por el detalle. Y con mi amigo Martín Noguerol no paro de darle vueltas a su iniciativa sobre el arte geométrico, que cuenta con buen número de significantes autores en el panorama comunitario.

Y me dejo por ahora Bombas Gens y La Ruta. Modernitat, cultura i descontrol, y tantas otras manifestaciones de la excelente salud de la que gozan las artes plásticas valencianas.