Celia Luna

Coach y creadora del método Mind Evolution

Si lo crees, lo creas. El efecto Pigmalión o Rosenthal en positivo: la mirada que nos empuja hacia nuestra mejor versión

Cómo convertir las expectativas favorables en profecías autocumplidas: aprende a potenciar el éxito y rendimiento de las personas que te rodean, ya sean empleados, estudiantes, amigos o familiares.

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Seguro que, a lo largo de tu vida, te has encontrado con diferentes clases de personas: algunas hacen que tu energía decaiga y otras, por el contrario, sacan tu mejor versión al apoyarte y demostrarte que creen en ti. Si mantenemos a este tipo de personas en nuestro círculo íntimo, favorecemos el efecto Pigmalión sobre nosotros mismos. En este mismo sentido, tú también te puedes convertir, para las personas que te rodean, en una potencial influencia positiva, incrementando su rendimiento al depositar en ellos tus creencias y expectativas más favorables y consiguiendo, desde tu discurso y actitud de apoyo consciente, unos resultados excelentes, generando así en ellas el efecto Pigmalión. Incluso tú mismo puedes alcanzar tu mejor versión teniendo las mejores expectativas y utilizando un lenguaje motivador para llevar a término esa profecía favorable autocumplida, lo que se conoce como efecto Rosenthal.

La cuestión es cómo alcanzar ese objetivo: aquí te presento una herramienta simple y poderosa para que puedas practicar, en tu día a día, el efecto Pigmalión: cambia tu juicio, ya sea externo o interno, por una expectativa explícita y un objetivo concreto, en una frase corta reforzada por un gesto que transmita ese mismo mensaje positivo, como por ejemplo poner una mano sobre su hombro o mirarle a los ojos con una sonrisa. Puedes decir algo como: “Te veo capaz de hacer esto, porque ya has demostrado antes que lo eres; hoy necesito que saques esto adelante, porque sé que tienes las aptitudes para ello”. Lo podemos resumir en una frase: “CREAMOS LO QUE CREEMOS”, a través de una acción clara y motivada: creer en la capacidad del otro y decírselo de forma útil, clara y concisa.

Tenemos el ejemplo del efecto Pigmalión positivo en una empleada que titubeaba y miraba hacia el suelo cuando planteaba propuestas de mejora a su jefe. Concretamente, al comenzar la semana, le planteó crear una agenda antes de la reunión de equipo de los lunes, con objetivos concretos asignados para cada trabajador, unidos a fechas de ejecución y designando un supervisor final. Al detectar esa falta de autoconfianza, el jefe aplicó nuestra herramienta, sabiendo que era una gran idea, y le contestó: “Es una buena aportación y tú eres muy hábil organizando tareas, así que te necesito ahora: presenta esa agenda en veinte minutos, porque creo en ti y sé que va a ser un éxito”. Ella pudo centrarse en el objetivo de cumplir con esa expectativa y, tal y como se esperaba, así sucedió. Desde ese día elaboran la agenda cada lunes, ahorrando un montón de tiempo a posteriori, al estar definidos los objetivos y los plazos con claridad.

Hoy te invito a probarlo con una persona cercana en un tema real. No se trata de hacer elogios vagos y faltos de contenido, sino de buscar los puntos fuertes que necesitas despertar en ese momento. Pregúntate: “¿Qué cualidad quiero activar en esta persona con mis palabras?” y “¿Qué petición concreta puedo hacerle para que se sienta capaz y orientada?”. Adopta una actitud positiva antes de hablar y termina con un cierre responsable, consciente y adulto: “Espero esto de ti, porque sé que eres capaz de ello”, porque apoyar conscientemente no es consentir, es empujar con confianza hacia un siguiente paso claro. Que lo sienta así tu interlocutor es un gran avance y un empuje fabuloso para fomentar su autoconfianza y autoestima, consiguiendo que dé lo mejor de sí mismo.