La resiliencia, herramienta de aprendizaje ante los retos de la vida
La aceptación radical: rendirse sin juzgar para superar una situación difícil y aprender de ella.
La escritora y divulgadora Elsa Punset.
Este pasado febrero, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) advirtió de que las bajas laborales en España han aumentado con fuerza desde 2017 y que los problemas de salud mental han aumentado, golpeando especialmente a los jóvenes. Es un dato que no se queda en los informes: también se cuela en casas, oficinas y amistades cuando una discusión se alarga, una decepción se enquista o una relación se rompe y seguimos gastando energía en negar lo que es.
Precisamente, hace un par de días estuve reflexionando sobre el tema de la aceptación radical, que trató la increíble Elsa Punset, en un podcast del inigualable Carlos Roca. Ella mencionó que hubo una etapa de su vida en la que se encontraba en un momento difícil, y que consiguió atravesar esa etapa a través de la “Aceptación Radical”, que me parece un tema de gran interés para nuestra evolución y creo que puede aportarnos mucha luz en momentos de oscuridad. Eso sí, nadie dijo que mejorar fuera fácil, pero lo importante es que el resultado compensa.
Ya lo dijo Carl Jung, en una de sus célebres frases: “Lo que niegas te somete, a lo que te resistes persiste y lo que aceptas te transforma”. Podemos analizar esta frase, que para mí forma parte de la aceptación radical, pero desde una visión práctica, para llegar a comprender la idea. En este mismo sentido, el sabio Viktor Frankl, nos dejó una frase que resume su experiencia y divulgación posterior, al sobrevivir sin traumas a la terrible experiencia de pasar años encerrado en un campo de concentración nazi: “El sufrimiento puede ser una oportunidad para alcanzar un nivel más alto de crecimiento personal”. Lo importante es dotarle de un sentido a todo lo que nos ocurre, para utilizarlo a nuestro favor, en lugar de pensar que el Universo está en nuestra contra.
Un cliente, pongamos que Almudena, se quejaba constantemente por la injusticia de haber suspendido un examen de oposición, y decía que ella se merecía aprobar, porque llevaba años preparándose. Negaba que los opositores que habían quedado por delante de ella estuvieran más preparados, o que hubiesen tenido un mejor día que ella cuando hicieron la prueba. La cuestión es que lo negaba a través de su sombra, la soberbia, que a su vez escondía un complejo de inferioridad que se despertaba por haber quedado por debajo de otros opositores. Se resistía a la idea de aceptar que no había vuelta atrás, se negaba a volver a intentarlo, y sufría por ello, victimizándose y anclada en la autocomplacencia. Le dije mirándole a los ojos: “Unas veces se gana, otras se aprende. Detrás de cada fracaso, hay una oportunidad de mejora. Si no eres capaz de ver tus limitaciones, nunca podrás superarlas.”
Después de una larga charla para hacerle ver su realidad oculta, dejó de luchar, y finalmente pudo aceptar esa realidad sin juzgarse ella ni juzgar a los demás. Aceptó lo que simplemente era. Y se propuso firmemente estudiar para dar lo mejor de sí misma la próxima vez. Así recuperó su paz interior, pudo estudiar de nuevo con ilusión e incluso, al fluir con la situación, curiosamente, aprobó la siguiente oposición.
Tal vez ahí empiece la resiliencia de verdad: no cuando desaparece lo que se considera un problema, sino cuando uno deja de gastar fuerzas en negar la realidad y empieza a invertirlas en actuar con más serenidad y un objetivo claro. Hoy mismo puedes probar algo muy simple antes de tu próxima queja: nombra el hecho sin adornarlo, sin juzgarlo, ríndete a lo inevitable, nombra la emoción que sientes sin avergonzarte y formula un objetivo concreto que podrás alcanzar gracias a esta experiencia.
Esta práctica te hará más sabio, porque tener conocimientos es fácil, pero convertirlos en sabiduría para aplicarlos en tu día a día, eso sí que es un verdadero reto. A veces rendirse no es caer; es dejar de empujar una pared para mirar al frente y encontrar, por fin, la puerta.
Recuerda. El cambio... ¡empieza en ti!