opinión

Cecilia Luna

Coach/Creadora del método Mind Evolution

La regla olvidada que puede cambiar tu Vida: no dañarte a ti mismo ni dañar a los demás

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Hoy en día, paradójicamente, cuanto más avanzamos tecnológicamente, más parece alejarse una de las enseñanzas más simples, necesarias y profundas que debería de guiar a la humanidad: no dañarte a ti mismo ni dañar a los demás. Parece una idea evidente. Sin embargo, basta observar muchas conversaciones, relaciones personales, equipos de trabajo o incluso el diálogo interno que mantenemos con nosotros mismos, para descubrir que esta norma básica se incumple continuamente. A veces dañamos sin querer. Otras veces nos dañamos de manera consciente, justificándolo como sacrificio, responsabilidad o compromiso.

La neurociencia moderna ofrece una explicación interesante. Estudios sobre regulación emocional muestran que cuando vivimos bajo estrés constante, el cerebro activa circuitos de supervivencia asociados principalmente a la amígdala cerebral. En ese estado reaccionamos más, escuchamos menos, interpretamos peor las intenciones ajenas y tomamos decisiones más impulsivas. Es decir, aumentan las probabilidades de hacernos daño y de dañar a quienes nos rodean.

Recuerdo mi experiencia con una directiva, pongamos que Nadia, que acudió a un proceso de coaching convencida de que tenía un problema de liderazgo. Sus resultados eran excelentes, pero su equipo estaba agotado. Durante una sesión descubrió algo sorprendente: exigía a los demás exactamente igual que se exigía a sí misma. Dormía poco, nunca celebraba sus logros y consideraba cualquier error como un fracaso. Sin darse cuenta, estaba proyectando sobre otros la dureza con la que se trataba internamente. La pregunta que transformó su forma de dirigir fue sencilla: “¿Aceptarías que alguien hablara a tu hija como tú te hablas a ti misma?” Permaneció varios segundos en silencio antes de responder.

Algo parecido le ocurrió a un reconocido coach ejecutivo, que relató cómo uno de sus clientes, un empresario de éxito, afirmaba querer mejorar sus relaciones personales. Sin embargo, cada vez que alguien le decepcionaba respondía con indiferencia o distancia emocional. Había aprendido a protegerse evitando el dolor, pero también evitaba la conexión auténtica. Durante una sesión surgió una pregunta poderosa: “¿Cuánto daño te estás haciendo intentando que nadie pueda dañarte?” Aquella reflexión abrió una transformación profunda en su manera de relacionarse.

Como señalaba Epicteto: “No son las cosas las que nos perturban, sino la interpretación que hacemos de ellas”. Esta reflexión pone de manifiesto un principio fundamental del desarrollo personal y profesional: entre los acontecimientos y nuestra respuesta siempre existe un espacio de elección consciente. Es en ese espacio donde definimos la calidad de nuestras decisiones, la forma en que gestionamos los conflictos y nuestra capacidad para generar bienestar en lugar de tensión. El liderazgo consciente se construye precisamente sobre esa capacidad de elegir con criterio, responsabilidad y equilibrio emocional. Del mismo modo, constituye una de las expresiones más claras de la madurez emocional.

Dos ejercicios prácticos de coaching para entrenar el cuidado y autocuidado, con el fin de no dañar a los demás ni a nosotros mismos

Primer ejercicio práctico: el filtro de las tres consecuencias para descubrir si se trata de una decisión ecológica. Durante una semana, antes de tomar una decisión importante o responder a una situación pregúntate: ¿Qué consecuencias tendrá esto para mí dentro de un mes? ¿Qué consecuencias tendrá para la otra persona? ¿Qué consecuencias tendrá para la sociedad? Este sencillo análisis activa áreas del córtex prefrontal relacionadas con la planificación, la empatía y la toma de decisiones de largo plazo.

Segundo ejercicio práctico: la auditoría del daño invisible. Al final de cada día dedica cinco minutos a escribir tres situaciones. Una en la que hayas sido amable contigo mismo. Otra en la que hayas contribuido al bienestar de alguien. Y una tercera en la que podrías haber actuado mejor. No se trata de juzgarte, sino de desarrollar conciencia. Como señalaba Carl Rogers: “La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal como soy, entonces puedo cambiar”.

Quizá la verdadera medida del éxito no sea cuánto dinero ganamos, cuántos seguidores acumulamos o cuántos objetivos alcanzamos. Tal vez la pregunta más importante sea cuánto bienestar dejamos a nuestro paso, tanto en nosotros mismos como en las personas que nos rodean. Porque las personas recordarán mucho más cómo las hicimos sentir que cualquier logro que aparezca en nuestro currículum.

Hoy te propongo detenerte unos minutos y reflexionar. ¿Qué comportamientos estás justificando que en realidad te están dañando? ¿Qué palabras repites sobre ti mismo que jamás pronunciarías hacia alguien que amas? ¿Existe alguna persona a la que estés causando daño sin ser plenamente consciente? ¿Qué cambiaría en tu vida si cada decisión pasara por el filtro de no dañarte a ti mismo ni dañar a los demás?

Recuerda… el cambio empieza en ti.