Opinión

Los protocolos nunca llegan

Esqueleto de un animal calcinado por el fuego de los incendiosEuropa Press

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Cada vez que se inicia un fuego, cada vez que se desborda un río, cada vez que tiene lugar una catástrofe, a cientos de miles de personas en este país se nos encoge el corazón.

Nuestros dedos se cruzan para, de alguna manera, conseguir que ese ritual pagano que apela a la buena suerte impida que haya víctimas.

Pero, desgraciadamente, siempre las hay.

Nos duelen las personas que pierden la vida, las familias que las lloran, aquellas que pierden en cuestión de segundos toda una historia de recuerdos atesorados en el que era su hogar y los negocios que tanto esfuerzo ha costado levantar y que se esfuman en un abrir y cerrar de ojos.

Y nos duelen también las demás víctimas. Las que siempre pierden y de las que poco se habla.

Ellas también pierden su hogar. También pierden su modo de vida. También lloran a sus hijos y los hijos mueren porque no regresan sus padres.

Ellas también mueren.

A veces durante la huida. A veces tratando de proteger a los suyos. A veces encerradas en cercados impenetrables, en mugrientos zulos, en granjas estancas o sujetas a fuertes cadenas que se convierten en una trampa mortal.

En otras ocasiones su familia humana no está en casa y no puede acceder para llevarlas consigo, susurrándoles al oído que no pasa nada. Que están a salvo. Que están con su familia.

Los demás animales siempre son víctimas.

La erupción de un volcán, inundaciones sin precedentes y unos incendios que cada año resultan más incontrolables y devastadores son el trágico resumen del último lustro en nuestro país.

Y podríamos, en casi todos los casos, señalarnos como responsables.

Nuestra codicia desbocada, nuestro perverso egocentrismo y nuestra inmensa irresponsabilidad como especie, pone en riesgo continuamente nuestro hogar común, con las consecuencias que esto tiene, también para el resto de las especies con quienes compartimos territorio.

Las cenizas y el fango que generamos avanzan dejando a su paso el silencio de la muerte. La muerte de decenas de miles de animales. Animales considerados silvestres, los que iban a ser transformados en filetes, los que se utilizaban como instrumentos de caza, los que tenían familia, …

Y quienes sufrimos por ellos, seguimos viendo, con impotencia, cómo desde las administraciones, independientemente del color político, todavía no se han puesto en marcha protocolos para asistir a los animales en caso de emergencia que las organizaciones de protección animal llevan reclamando desde 2015, tras la crecida del Ebro que dejó más de 10.000 animales ahogados, atrapados en granjas.

Esta absoluta indiferencia y dejación de las administraciones tiene consecuencias directas para los animales, que pierden de forma horrible lo más preciado que tienen, la vida.

Pero también tiene consecuencias económicas, porque muchas de estas pérdidas (las de los animales objeto de negocio) se compensan con fondos públicos.

Y pone en riesgo la vida de muchas personas que, con sus propios recursos y por sus propios medios, tratan de rescatar esas vidas a las que la administración da la espalda.

Por no hablar del sufrimiento que se genera en todas las personas que somos empáticas con el sufrimiento de los animales, que cada vez somos más.

Así que no hay ningún motivo, más allá de la falta de voluntad, que justifique la ausencia de protocolos oficiales que garanticen la protección de animales en situaciones de emergencia y catástrofes.

Cientos de organizaciones de protección animal se han unido para exigir a las autoridades, tanto a nivel estatal como autonómico, la implantación de protocolos oficiales. Existen protocolos ya elaborados por diversas organizaciones y hay ofrecimiento para trasladar la experiencia de las ONG en la elaboración y puesta en marcha de estos.

Sin recursos, a base de voluntariado, las asociaciones son capaces de trabajar de forma coordinada para salvar vidas. ¿De verdad las administraciones, con todo el dinero que manejan, no son capaces de ponerse a trabajar en algo que, además apenas les supone recursos?

No queremos tener que seguir llorando más muertes evitables. No queremos que nadie tenga que arriesgar su vida por la indiferencia de quienes nos gobiernan.

Exigimos protocolos oficiales que garanticen la protección de animales en situaciones de emergencia y catástrofes, YA.