opinión
Eclipsados y aborregados
No se trata de dejar de disfrutar de un partido o de mirar un eclipse. Se trata de no permitir que el espectáculo nos haga olvidar lo esencial.
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Vivimos tiempos curiosos. Capaces de detener el país durante horas para mirar al cielo por un eclipse, de convertir un Mundial de fútbol en asunto de Estado o de llenar las redes sociales de entretenimiento mientras, a pocos centímetros de nuestra realidad cotidiana, se acumulan problemas que deberían preocuparnos mucho más. Pan y circo, pero actualizado a la era de las redes sociales: distracción permanente para una sociedad cada vez menos dispuesta a mirar de frente lo incómodo.
Mientras discutimos sobre el eclipse, el fútbol o el último espectáculo viral, España afronta retos de enorme calado: la presión migratoria, la seguridad y la defensa nacional, una economía que sigue dejando a demasiados ciudadanos atrás y una crisis institucional marcada por los continuos escándalos y polémicas que rodean al Gobierno de Pedro Sánchez y a su entorno político. No se trata de dejar de disfrutar de un partido o de mirar un eclipse. Se trata de no permitir que el espectáculo nos haga olvidar lo esencial.
Quizá el verdadero eclipse no esté en el cielo. Quizá esté en nuestra capacidad para distinguir lo importante de lo accesorio. Nos hemos acostumbrado a consumir titulares de usar y tirar, a indignarnos durante unas horas y a pasar inmediatamente al siguiente entretenimiento. Y mientras tanto, quienes deberían rendir cuentas encuentran una sociedad cansada, entretenida y, en demasiadas ocasiones, aborregada.
Una democracia necesita ciudadanos informados, críticos y exigentes. El entretenimiento es necesario; la evasión también. Pero cuando el espectáculo consigue ocupar todo el espacio público, el problema deja de ser el circo y empieza a ser el público. Porque mientras miramos hacia arriba para contemplar un eclipse, quizá deberíamos bajar la mirada y preguntarnos qué está ocurriendo aquí abajo. No vaya a ser que, cuando vuelva a salir el sol, descubramos que llevábamos demasiado tiempo sin querer ver la realidad.