Ciclismo de montaña frustrado
Es impensable que los varios centenares de conspicuos asesores monclovitas ignoraran el escándalo de esta postrera jugada estival hasta el último minuto
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un simulador de una bicicleta.
El presidente del Gobierno de España, insatisfecho con sus play list de canciones o sus recomendaciones de lectura estival en las redes sociales consumidas por los más jóvenes, como refugio online de su manifiesta irresponsabilidad en la gestión de la invasión a la que recientemente se vio sometida Ceuta, pretendía disfrutar todavía unas jornadas de asueto familiar, ocupado en su muy noble afición al ciclismo de montaña en Andorra. Con un par.
Por mucho que se amparara en el eufemismo de crisis migratoria, se ha impuesto la tardía rectificación por la que crea el mando único y la situación de interés para la seguridad nacional hasta diciembre
El Diccionario Histórico de la Lengua Española editado en los prolegómenos de la sangrienta contienda civil, apenas dedicaba un par de reseñas al ciclismo como deporte en ciernes. Sin embargo, el término ciclo recogía consideraciones matemáticas citando la Geometría elemental de García de Galdeano; de Tomás de Iriarte para referirse a eras o espacios de tiempo, o del geológo Celso Arévalo para indicar “serie de hechos, fenómenos o estados que se reproducen periódicamente en el mismo orden”. Tal vez estas últimas consideraciones permitan entender mejor la llamativa pretensión de Sánchez.
Su divulgado interés por el ejercicio físico, sus habituales referencias al baloncesto o al running como prácticas saludables, se incardinan con esto del ciclismo de montaña en su contumaz persistencia en reproducir periódicamente el caos gubernativo ante cualquiera de los grandes fenómenos que han puesto a prueba la total ausencia de la vocación de servicio que debiera caracterizar a un político honesto. Que los hay también entre los de izquierdas.
Conmilitones con mando en plaza y pretensiones sucesorias como el manchego García-Page y algunos pocos más con sordina, ponen el grito en el cielo apenas se ha instalado, fuertemente custodiado, el ministro Ángel Víctor Torres en su poltrona de mando en el Hotel Ulises de Ceuta. La coincidencia nominal con el rey de Ítaca del gran relato de Homero alimentaría divertidas chirigotas gaditanas si el Carnaval, como probablemente ocurra con la elecciones generales, se adelantara en el tiempo.
Pero no estamos para chirigotas. Es impensable que los varios centenares de conspicuos asesores monclovitas ignoraran el escándalo de esta postrera jugada estival hasta el último minuto. Nadie en su sano juicio podía creer que más allá de ese ejército de palmeros ajenos a la disciplina de la pobre Margarita Robles, la medida resultara popularmente comprensible.
Se han multiplicado las tribunas de opinión, algunas de nombre relevante, manifiestamente pesimistas y acobardadas. Anunciando el desastre nacional y la hecatombe, repartiendo a diestra y siniestra, augurando el colapso del sistema democrático. Entre ellas la del notario López Burniol, que provocó su cese en La Vanguardia. Vergüenza torera debiera darle al tercer conde de Godó, título con grandeza de España. Tal vez esa reacción de muchos, tan comprensible como inocua en la práctica, si esté prevista en la destructiva política de Sánchez.
Alguna otra acepción del histórico diccionario citado, remite a la “cronicidad” permanente de determinadas enfermedades o dolencias. El término se repitió abundantemente con motivo de la pandemia gestionada por un ministro autodenominado filósofo, un loco con apariencia de científico, y un fantasmagórico por inexistente comité de expertos. Unos y otros salieron de rositas y el método, muy probablemente, adquirió a ojos de sus creadores la categoría de modelo estratégico.
Aunque el hormo no está para bollos ni para escapadas de lujo al pequeño país vecino, sede de numerosos trapicheos fiscales, al que los españolitos de a pie antes de la transición acudían a comprar tabaco de importación y alcohol de marca. Experto en la materia no hubiera corrido riesgo de despeño.
Más dura hubiera sido la caída a la vuelta. Así que, con gran cabreo, ciclismo de montaña frustrado por el momento.