Fernando García Bonet

Aprobar suspendiendo

A cada hecho, catastrófico o no, previsible o precipitado, a cada noticia relevante del devenir de la política española, se suceden ensaladas de relatos, argumentarios, comunicados y declaraciones, que compiten por su extravagancia

Infografía de Gad3 para ABC

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A tenor de lo publicado por una de la más conocida de las empresas de demoscopia y sondeo electoral que trabajan en España para medios de comunicación y partidos, y pese a la cada vez más frecuente desviación en los resultados definitivos de los comicios, seis líderes -o no tan líderes- ocupan el palmarés en una de las consultas más recientes.

A diferencia de lo que ocurría en los “cuadros de honor” de los antiguos colegios de enseñanza -probablemente también de los suyos, aunque todos son relativamente jóvenes- la máxima nota alcanzada es suspenso. Suspenso bajo, más todavía en el que ocupa el sexto lugar.

No parece, sin embargo, una anomalía social escandalosa si se tienen en cuenta los actuales criterios de calificación escolar que consideran que la reprobación puede resultar frustrante para el alumno y suele ser desaconsejada por determinados especialistas. Y que la constatación de la excelencia -aquella que se exhibía con fotografía del merecedor en el tablón de anuncios del centro-puede ser injusta y desestimulante para el resto. Habrá que preguntar al profesor José Antonio Marina.

Tampoco extrañará sobremanera a quienes estén familiarizados con los informes PISA y conozcan el notable descenso que la población escolar española viene obteniendo desde que las posiciones buenistas y más desacertadamente comprensivas con la psicología infantil han ido sustituyendo a la constatación del rigor y el premio a la excelencia, alineadas con extravagantes principios woke. Cataluña y el País Vasco tienen el raro honor de encabezar los mayores descensos no solo en lengua y literatura, sino también en ciencias y matemáticas.

Que el todavía presidente del gobierno se vea superado por su llamativa vicepresidenta resulta tan curioso como que el líder de una formación de extrema derecha con escasas probabilidades de obtener escaño en las próximas elecciones generales, compita con la aguerrida dirigente de un partido que ha mantenido relevantes cuotas de gobierno. El afianzado dirigente de la ultraderecha nacional cuyo crecimiento es -razonable o no- tan evidente, pisa el maltrecho talón de Sánchez. Tampoco puede sacar pecho con la clasificación, pese a ocupar el primer puesto, el que según este y otros sondeos está llamado a hacerse con la presidencia del próximo gobierno.

Todo ello pendiente de una previsible revisión interesada de los fogones en los que Tezanos en el CSIS ejerce de chef ampliamente “estrellado”.

No es asimismo de extrañar que la opinión pública, filtrada con los procedimientos al uso en este tipo de previsiones, trasluzca la realidad de su desafección generalizada por la clase política, y aproveche la ocasión para aplicar un inmisericorde punitivo. Pero no es de celebrar.

A cada hecho, catastrófico o no, previsible o precipitado, a cada noticia relevante del devenir de la política española, se suceden ensaladas de relatos, argumentarios, comunicados y declaraciones, que compiten por su extravagancia. Ocurrencias espontáneas más propias de la barra de bar o de la del gimnasio. Los análisis más profundos y la asunción de responsabilidades, la autocrítica rigurosa en suma, brillan por su ausencia.

Decrecen los think tank y los foros de pensamiento profundo, mientras abundan las tertulias, los blogs y los inductores de tendencia difundidos por cadenas televisivas, emisoras de radio y un complejo entramado de las redes sociales.

Y éste es uno de los llamativos resultados. El palmarés se mueve entre la máxima nota de 3,80 y un ridículo 2,40. Aprobados suspendiendo.