Agua que no has de beber…

"No se trataba de robarle el bien preciado de unos para regalárselo a los otros"

Trasvase Tajo-SeguraCHS

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Sara Montiel fue la única actriz española que entró por la puerta grande de Hollywood y salió casi a hurtadillas decepcionada por aquel mundo glamouroso y de famas a la norteamericana, pero que desde luego no era para ella, impulsiva manchega que miraba los escenarios por debajo de la bata de cola desde sus grandes ojazos moviéndolos con todo un lenguaje propio y único. La he rememorando en esa temperamental (como todas) copla sustentada en el secular refrán español: “agua que no has de beber, déjala correr”.

Me gustaría recordársela al paisano de Saritísima, Emiliano García-Page, socialista recortado como una escopeta de obviedades, pero cortés incluso con Pedro Sánchez, su principal adversario dentro y fuera del partido, aunque con el infortunio para los valencianos de que para una vez que coinciden política y argumentalmente es sobre el trasvase de aguas sobrantes del río Tajo (embalses de Buendía y Entrepeñas) hasta el Sureste español, fundamentalmente Alicante y Murcia convirtiendo lo que otrora fueran secarrales infructuosos en feraces bancales hortofrutícolas que no sólo nutren al mercado español, sino que aportan sus muy buenas y necesarias divisas gracias a la creciente demanda centroeuropea y política arancelaria.

El tan discutido (en su tiempo) trasvase presupuestado con el dictador Francisco Franco, e inaugurado en la Transición por Adolfo Suárez, siempre anduvo en pleitos dialécticos por la apertura o cierre de llave de paso hacia las fértiles planicies mediterráneas. El binomio castellano-manchego quería mantener sus pantanos como mares, al tiempo que experimentaban con nuevos cultivos que por mor del agua superasen la fertilidad los largos períodos de gélidos inviernos muchas veces incultivables con heladas (años malos) que llegaban a bajar de 0 °C. Mientras murcianos y alicantinos, bendecidos por un clima envidiable, deseaban ampliar la superficie de regadío, sobre todo expandiendo regadíos en el campo de Lorca o en la Vega Baja, incluso en el transcurso del río Vinalopó desde Villena a Guardamar, porque las cifras frutales y de verduras cantaban en cualquier análisis comparativo frente a las posibilidades de la España continental. Después de repetidos estudios propuestos por el Ministerio de Agricultura se demostró que el binomio del sol casi permanente con un termómetro que no bajaba de los 10 °C, y el aporte agua en comedida abundancia (lluvia por goteo artificial), resultaban mucho más rentables en Levante que en cualquier sembradero de Castilla-La Mancha.

No se trataba de robarle el bien preciado de unos para regalárselo a los otros, sino de una especie de “quid pro quo” (algo a cambio de algo) cuya regulación debería establecer el Gobierno central de acuerdo con las autonomías implicadas en el suministro y en la recepción del agua: toda Castilla-La Mancha necesita fuertes inversiones para mejora de infraestructuras viarias (carretera y ferrocarril); instalaciones energéticas alternativas (La Mancha es tierra de molinos); Sanidad (dispensarios y unidades móviles que cubran la atención rápidamente y en distancias considerables); Educación, sea primaria como secundaria, necesitan mejorar la ratio de alumnos por clase, amén de reforzar el estatus de las universidades de nueva creación (prácticamente en todas sus capitales de provincia); y así podríamos seguir con un montante significativo de carencias en una región, Autonomía nacida en su actual composición de la Transición democrática, más pobre en su PIB, los datos cantan, que el “Levante Feliz” uniendo una pequeña y mediana industria tan cualitativa (especialización y diversificación) como cuantitativa en exportaciones que redundan en la Tesorería española.

Todo lo expuesto con anterioridad redunda en el deterioro de la política convencional, y el imparable auge de la extrema derecha, por mucho que Televisión Española y la Sexta, voceras de El País quieran demonizar subrayando siempre lo de “extrema” cuando apenas atribuyen semejante antetítulo a la izquierda del PSOE. ¿Acaso los de Abascal no han jurado la Constitución de 1978 sobre el mismo libro que, pongamos por caso, Bildu o Esquerra Republicana?

Estimo que el problema podría arreglarse cuando las siglas gobernantes sean las mismas en La Moncloa que en las autonomías valenciana y murciana (incluso algún retazo andaluz), porque Feijóo conoce sobradamente la imposibilidad de un pacto con los soberanistas vascos o catalanes, cuyos idearios están claramente enfrentados con la centroderecha española, y buena parte de nuestra socialdemocracia. Algo está cambiando cuando aparecen miles de banderas españolas en Ceuta, y ya empiezan a demostrarse por todo el país, después de un largo soporífero inane que amenazaba con el desmembramiento de una nación secular.

Sólo la conexión y anuencia política entre gobiernos de un mismo talante contrario al actual hará posible un trasvase cuya rentabilidad redunde en beneficio de todos porque, como parece más que obvio, Pedro Sánchez no va a facilitar la ascensión de los populares por mucho que la razón del interés nacional y la transmisión de bienes de unas a otras comunidades lo demande en beneficio mutuo y extensible, como “Huerta de Europa”, al resto.