No me mandes más jamones
"Todo son críticas al sistema actual de vivienda, pero pocos de sus participantes dan soluciones que puedan consensuarse"
Manifestación por la vivienda en Valencia
Las obras de Miró, Tàpies, Barceló… contemplan un Consejo de Ministros donde hoy, como en la Segunda República, se enconan dos tendencias que del cómodo posibilismo para permanecer en el poder (buenos sueldos y mando por decreto) hasta las próximas elecciones que la demoscopia da ya por pérdidas a la izquierda socialista, ácrata-comunista, e independentistas con diversos tintes ideológicos que pueden ir desde Bildu a Junts. Un batiburrillo que no entiende ni el mejor catedrático de Derecho Constitucional.
La socialdemocracia alemana (aquella que venía de la intransigencia marxista de Rosa de Luxemburgo) se adaptó perfectamente al colaboracionismo con el capitalismo gracias al canciller Billy Brandt, quien entendió desde el primer momento que la guerra y la paz, tibia o caliente, la habían ganado los americanos, aunque permitiéndoles a los rusos una zona de influencia fronteriza y fuertes subvenciones para su reconstrucción en pago a los 27 millones de muertos causados por la Alemania nazi, y eso sin hablar de viviendas e industrias calcinadas.
Pedro Sánchez siempre se ha declarado socialdemócrata y admirador del canciller berlinés, pero a diferencia de éste, el presidente español se nos muestra como un enconado antitrumpista, lo que en política internacional se entiende por “antiamericano”, al menos para una considerable parte de los estadounidenses y de mucho observador internacional, como se ha demostrado en la reciente visita del señor Sánchez a la ONU en Nueva York donde ni en la mismísima casa de su adversario fue capaz de contenerse con indirectas que iban a la yugular del todopoderoso.
España necesita 1,8 millones de viviendas para solventar el problema “Maricarmen somos todos”, y para ello es preciso el crédito de los grandes bancos internacionales, en su mayor parte interlocutores de Donald Trump y viceversa, además del decidido apoyo económico europeo UE, soporte decidido que no hemos visto en la crisis de Ceuta y Melilla, quedándonos al amparo de un Gobierno irresoluto queriendo ahuyentar por inanición alimentaria a marroquíes, y sobre todo subsaharianos paupérrimos, sacándolos por la valla fronteriza, cuando no tardaban en volver por los extrarradios hasta en cifras indeterminadas, al menos por el gobierno central, pero que los ceutíes, empezando por su presidente Villas, no sólo calculan en 8000 “esperantes”, sino que otras decenas de miles, cercanos o en camino merodean para dar un nuevo salto conquistando el paraíso al que los manda su afrancesado rey golfante un, sin la mayor vergüenza de quien dice “ser el padre” de todos ellos.
Si como ha demostrado la acampada de la Puerta del Sol no tenemos suficientes residencias accesibles, sean de alquiler soportable, pero, echemos cuentas hoy por hoy inasequible para las clases media y baja, ya si quiere especular con las socioeconomías ni pensemos en compras que necesitarían dos o tres generaciones para abonar las cláusulas de propiedad, ¿cuántos pisos más harían falta para dar cobijo a las avalanchas humanas que aguardan su oportunidad al otro lado del estrecho, sin contar con quienes trabajan en Madrid, pero viven allende del espectro habitacional capitalino? Como decía el castizo intranquilo y quejumbroso: “¿y de lo mío qué?”: Ajo, agua y resina. Otro tanto sucede, aunque lógicamente en menor disposición numérica ocupacional, pero no preocupación ciudadana alarmada, con Valencia, Alicante, Castellón de la Plana, Elche, Torrevieja etc. donde los extrarradios se están amazacotando de familias recién venidas de la España vaciada, y sobre todo jóvenes (mayormente entre 25 y 35 años) intentando emanciparse para formar su propio hogar y que necesitan cercanía a la Sanidad, la Educación y los servicios sociales, amén del comercio de proximidad.
Escuchando tertulias, por ambas partes que más que políticas parecen “casineras” según canal dependiente, todo son críticas al sistema actual de vivienda, pero pocos de sus participantes, por no decir ninguno en esta tramoya de ocurrencias, dan soluciones que puedan consensuarse como es absolutamente imprescindible en una situación crítica y caótica.
Es fácil colegir que los edificios no crecen (se levantan) como si fueran setas, pero no lo es menos que las administraciones (nacional, autonómica, municipal) tienen que ponerse de acuerdo por bemoles y narices, si no quieren que el pueblo detonado siga saltando a la calle en las principales capitales de España y con harta desconfianza hacia una democracia que no les soluciona sus problemas, y eso sí sería una complicación gravísima para con la Constitución que nos dimos en 1978.
La solución, a mi modesto entender, y más ahora que España goza de una economía boyante, la más próspera en toda la Comunidad Europea, el gobierno central debe endeudarse hasta donde sea necesario, miles de millones con toda seguridad, pero también necesidad acuciante, para acabar con esta tragedia, empezando por controlar la especulación de los fondos puramente capitalistas, “buitres” los define suficientemente; y además de los terrenos propiedad del Estado, obligar a autonomías, diputaciones y ayuntamientos a aportar los solares, incluso con recalificaciones de Planes de Ordenación Urbana ya aprobados, en la convicción de que España tiene todavía un 80% de su territorio virgen de edificaciones, y bastaría apenas con un 10% para resolver lo endémico que soportamos, sin resolver, desde los años 80 del pasado siglo.
Volver al 15-M sólo demuestra la ineptitud de nuestra clase política, esencialmente de una izquierda prometiendo con balones fuera inconsistentes soluciones que no tiene, ni siquiera en el ámbito teórico propositivo vía decreto.
“No me mandes más jamones que tengo la casa llena” cantaba Manuel Luna y ahora corean por toda la Comunidad Valenciana haciéndose eco del aumento presupuestario que Pérez Llorca ha pedido a Pedro Sánchez en la seguridad de que él propiamente y desde la experiencia como alcalde de Finestrat, podrá pactar con todos y cada uno de los municipios bajo su incumbencia territorial.