29-n: EL OBSERVATORIO DE FELIP

Cuando la rabia sirve al relato de Putin (y a alguien mas)

En las próximas citas electorales, los partidos que cultivan la idea de una Europa en descomposición pueden convertir cada imagen de un coche ardiendo en munición propagandística

Disturbios en ParísMattia David Rinaldi

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Europa no arde porque Moscú haya pulsado un botón. Arde porque tiene problemas en el sostenimiento del Estado Social—inflación, vivienda, educación, desigualdad y una clase política que tarda en escuchar— y porque hay potencias interesadas en convertir cada grieta social en un abismo. La diferencia entre ambas cosas es precisamente la que el Kremlin y sus intelectuales orgánicos se afanan en borrar.

Las protestas de Francia e Italia nacieron de motivos domésticos: el coste de la vida, la educación y la sensación de decadencia de los servicios públicos. Pero cuando la manifestación pacífica degenera en saqueos, ataques a comisarías e incendios, deja de ser solo protesta y se convierte en materia prima para la guerra híbrida. Investigaciones y autoridades europeas no han hallado prueba concluyente de que una potencia extranjera originara los disturbios; sí han documentado que redes vinculadas a Rusia —como Storm-1516, Operation Overload, o Doppelgänger— los amplificaron, difundieron falsedades y explotaron la violencia para polarizar.

Putin no necesita organizar una revolución europea. Le basta con que alguien la encienda y con disponer de un ejército de cuentas anónimas, medios, satélites y propagandistas dispuestos a echar gasolina. Su objetivo no es convencer, sino desorientar: presentar a Europa como un continente en colapso, a sus gobiernos como ilegítimos y a la ayuda a Ucrania como un robo al ciudadano.

El mensaje es deliberadamente simple: “cada euro para Kyiv es un euro robado a nuestra prosperidad”. Es una mentira funcional. Convierte una guerra de agresión rusa en una disputa presupuestaria europea y traslada al continente la factura moral de una invasión que Moscú inició. Las redes prorrusas publicaron más de mil artículos en veintiocho sitios y nueve lenguas para repetir esa narrativa, copiándola de una web a otra en cuestión de minutos.

Aquí está la perversidad del método: no fabrica el malestar, lo parasita. Toma una protesta legítima contra los precios y la transforma en un relato de guerra civil inminente; toma un vídeo de violencia y lo convierte en prueba de que Europa “ya no puede defenderse”; toma la crítica a las élites y la convierte en llamamiento a la rendición ante Moscú.

La fórmula es conocida: exagerar el desorden, atribuirlo a inmigración, “globalismo” y débiles gobiernos, y ofrecer como único remedio la mano dura, el cierre de fronteras y la ruptura con Bruselas

Y no hay que ser ingenuos: el caos también tiene beneficiarios domésticos. En las próximas citas electorales, los partidos que cultivan la idea de una Europa en descomposición pueden convertir cada imagen de un coche ardiendo en munición propagandística. La fórmula es conocida: exagerar el desorden, atribuirlo a inmigración, “globalismo” y débiles gobiernos, y ofrecer como único remedio la mano dura, el cierre de fronteras y la ruptura con Bruselas.

En ese mercado del miedo, los partidos agrupados en “Patriots for Europe” tienen un interés evidente. Es una formación soberanista de derecha radical que reúne a fuerzas como la de Viktor Orbán, Rassemblement National, la FPÖ austríaca y Vox; su programa común es debilitar la integración europea y devolver poder a las capitales nacionales. No todos sus miembros comparten la misma relación con Moscú —Vox, por ejemplo, mantiene una posición formalmente proucraniana—, pero varios de sus socios han hecho carrera alimentando la sospecha hacia Ucrania, la OTAN y las sanciones a Rusia.

La estrategia es la misma en París, Viena, Milán, Madrid, Barcelona o Bilbao: sembrar la idea de que el Estado ya no protege, de que la calle pertenece a los violentos y de que solo un partido “patriótico” puede restaurar el orden. Es una apuesta electoral cínica: cuanto peor se vea Europa, mejor les va en las urnas. El miedo no es un efecto colateral de su discurso; es su principal producto.

Y ahí es donde entran en juego los intereses locales en esta la larga y conflictiva campaña electoral del “29N. Cierta inhibición del caos callejero, de la ocupación de plazas, del saqueo de tiendas de lujo, por parte de más de un delegado del gobierno - ¿acaso siguiendo indicaciones de la Moncloa?- argumentando la “proporcionalidad de la respuesta” y la “libertad de manifestación” para justificarla, solo favorece a los extremos: a los que predican garantizar el orden y los que sobreviven en el caos. extremo. El perjudicado es el voto de Feijóo a favor del de Abascal, mientras Pedro Sánchez se frota las manos manteniendo el suyo

Putin sueña con una Europa que se odie a sí misma. Lo sabe y lo explota. Su dominio en las redes le proporciona la gramática: caos, decadencia, saqueos, suicidio civilizacional. Y los partidos del miedo —dentro y fuera de “Patriots for Europe”— se apuntan al negocio electoral de vender orden frente al incendio que ellos mismos ayudan a narrar. Lo reprobable es quienes aquí, en la perspectiva del 29N, se aprovechan de los incendios rusos en beneficio propio.