Platos rotos
España en gran medida vive del turismo, como Suiza de la banca, o Japón de la electrónica y el automóvil. Ya nos dirá este lumbreras podemita cómo nos inventamos y trastocamos la industria
Platos rotos, símbolo de la protesta de los hosteleros
La antigua Grecia sentó las bases socioculturales de lo que somos ahora. Roma las copió literalmente, añadiendo el Derecho y la estructura militar de las legiones con las que mantener un imperio durante siglos. Como tantas otras cosas los helenos inventaron la costumbre de escenificar lo bueno y lo malo, la dicha y la desdicha, cargándose la vajilla, fuese en una boda o en un funeral. Muchas otras civilizaciones los han copiado desde la judía, pasando por la rusa y llegando a la danesa, incluso todos recordamos a Cándido, el asador segoviano que estrellaba el plato contra el suelo después de trocear con él su famoso cochinillo, o el famoso dicho popular sobre la inocencia y la bondad, al decir de alguien que no ha roto un plato en su vida.
Ahora, y por todas las ciudades españolas vemos como restauradores, cocineros, personal de sala, freganchinas y mucho proveedor de viandas y bebidas, salen a la calle en manifestación que concluye frente a los principales edificios de las distintas Administraciones y, después de prorrumpir en muchos gritos protestones y pancartas reivindicativas, estampan sus lozas contra el asfalto en señal, esta vez sí, de duelo.
Su argumentario es incontestable: ¿por qué tienen que pagar ellos (nunca mejor dicho) los platos rotos de la pandemia? ¿Quién recuperará los más de 100.000 (de momento) bares y restaurantes que ya han echado la persiana de la imposible subsistencia? ¿Cómo aguantar, en indefinido stand-by, un negocio que depende del día a día intentando mantener la mejor ecuación-relación calidad/precio? ¿Seguirán los suicidios de hosteleros como ya ha ocurrido en Alicante? Y así tantas preguntas que necesitaríamos el Espasa para contestar la mitad.
Lo más indignante de este desafuero es el comportamiento de los políticos, a los que elegimos y pagamos para solventar problemas, nunca para acrecentarlos como está ocurriendo
Sin embargo, lo más indignante de este desafuero es el comportamiento de los políticos, a los que elegimos y pagamos para solventar problemas, nunca para acrecentarlos como está ocurriendo. Es contrapuesto y esquizofrénico que en una comunidad autonómica (Madrid) se permita la hostelería, y justo en las Castillas colindantes se le obligue a la cerrazón a cal y canto de sus locales. O que en Cataluña alarguen o acorten, según les venga en gana a sus peculiares asesores, la hora de apertura y cierre, mientras Andalucía mantiene inamovibles sus horarios. Pero lo que ya clama al cielo, y no nos oye, es que los tribunales, como acaba de ocurrir en el País Vasco, le quiten la razón y autoridad al Gobierno autonómico, y manden abrir las puertas del ocio.
El Excelentísimo Señor Iglesias, don Pablo, vicepresidente de la nación, algo sabrá de tesis en Ciencias Políticas, como profesor que fue cuando se dedicaba a alentar okupas y echar a la acracia a la calle para derribar a los obsoletos partidos pequeñoburgueses; pero de la praxis no tiene ni la más pajolera idea, cuando de la noche a la mañana, como si fuese un ilusionista, cree y quiere cambiar la economía que llevó a España desde un franquismo aislacionista y retardatario, a una democracia, situándonos en la cúspide de los países desarrollados. Claro que este Atila posmoderno dice no creerse nuestra democracia, aunque, desvergonzada y paradójicamente, esté al mando de ella.
España en gran medida vive del turismo, como Suiza vive de la banca, o Japón de la electrónica y el automóvil, etc., etc. Ya nos dirá este lumbreras podemita, al que las encuestas parecen estar apagando, cómo nos inventamos y trastocamos nuestra principal industria y fuente de divisas de la noche a la mañana, ¿reciclándola en qué?: ¿Convertimos a camareros/as, cocineros/as, personal hotelero, y demás personal de organizaciones socioempresariales turísticas en programadores de software, expertos en inteligencia artificial, analistas de mercado, "coachs" (preparadores) de astronautas o nanomédicos? Difícil lo veo, y menos con un cursillo acelerado como usted pretende, salvo que invernemos el país dejando que la covid se lleve a los mayores de 30 años, como habrá visto en alguna película de ciencia-ficción, y el día de mañana se pueda cumplir semejante quimera y disparate comunistas.
Hace más de 70 años se nos apareció, no sé si la Virgen, o San Sol y Playas, y ahora quiere venir usted a joder el milagro. Lleve cuidado no le vayan a estampar los platos sobre las papeletas que le han permitido comprarse un chalet, comer caliente todos los días en buenos restaurantes, y nombrar asesora de alto standing a su niñera.