Sitiado, pero no muerto
Ni con los fórceps de la izquierda mediática, ni con el gabinete de crisis y estrategias de la madrileña calle Génova...
El president de la Generalitat, Carlos Mazón tras una reunión de la mesa de Agricultura.
Carlos Mazón es un resistente, eso ya lo sabíamos, pero no se había dado a conocer como estratega capaz de cambiar una rendida y oprobiosa dimisión por el papel de heroico reconstructor tras el desastre del diluvio comarcal. De Nixon a Adenauer, de Pijus Magníficus en la desternillante ficción de los Monty Python, a un Pilatos historiografiado por analistas del Imperio Romano y teólogos; en definitiva, entre la autoinmolación y la resiliencia.
A sus adversarios más conspicuos y obstinados en verlo caer, como La Sexta, El País, Televisión Española, y otros tantos servidores del sanchismo dogmático y pertinaz se le revolvieron las tripas pedorreando bilis y malhumor cuando en sus primeras declaraciones Mazón habló de quedarse soportando desabridos y sin embargo muy humanos insultos mentándole a la madre y a la parienta, pero también calándose botas de agua metido hasta las trancas en el cenagal de la desgracia colectiva para liderar la senda de la restauración enterrando muertos y disolviendo barrizales tras la guerra perdida contra la irreductible Naturaleza.
Muchos creyeron que la mano de Núñez Feijóo puesta sobre el hombro y susurros al oído del alicantino, era un claro indicativo señalándole la puerta de salida; pero parece que fue todo lo contrario: resiste, resiste y resiste porque tras tu cabeza vienen a por la mía, y el PP tiene que ser una alternativa de gobierno muy capaz de recomponer tanto desaguisado de la autocracia monclovita más los judas que lo rodean a cambio de pagar plata independentista y reconversiones del marxismo al posibilismo personal del lujo representativo y disparada nómina, amén de una multitud de colocaciones institucionales, que no votadas.
Bien mirado, Núñez Feijóo no tiene candidato/a solvente y prestigiado para la Comunidad Valenciana, ni siquiera su hombre fuerte en la UE, González Pons, o la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, siquiera los influyentes Pérez Llorca o Barrachina… entre sus baronías mejor acreditadas y dispuestas podrían resolverle el papelón de quitar a Mazón (un golpe de Estado dentro de otro golpe) sustituyéndole en uno de los virreinatos más importantes de los populares dentro del ámbito autonómico, cuando queda comprobado por los datos demoscópicos, que acaban de publicarse en varios medios de comunicación, la situación sincrónica de una cierta recaída por parte del Partido Popular a la baja en intenciones de voto, pero no se precipita al vacío del perdedor aun antes de empezar la contienda; todo lo contrario, desde la anterior estimación previa a la Dana, que pudo ser muy grave, esencialmente en la Comunidad Valenciana, esta ultimísima lo confirma como vencedor, aunque con la siempre incómoda muleta de Vox, que, y por cierto, es el que más sube en el último muestreo. Al parecer, la comarca de Valencia Sur queda más lejos en la conciencia del colectivo nacional, y hasta si me apuran el propio comunitario, de lo que nos demuestran las pavorosas imágenes de un tsunami a la inversa (de la barrancada al mar); y menos cerca en la opinión pública no publicada de cuanto arremeten peroratan tertulias radiofónicas o televisivas contra el presidente valenciano como única cabeza del gran turco con la señera por turbante. Pero y como escribió Zorrilla, también Mazón debe tener algo de Tenorio: “Los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”. Y si ese trancazo diluvial no se llevó por delante a Mazón al día siguiente, ni tampoco al mes, no parece fácil (el tiempo también borra el fango) que lo haga en pleno repunte y rentelando el cuadro de los horrores.
Todos/as/es esperan día tras día en el último noticiario de la noche cuando se vuelcan las portadas de los principales periódicos, o en los primeros de la mañana, que Carlos Mazón presente su dimisión irrevocable, pero ni con los fórceps de la izquierda mediática, ni con el gabinete de crisis y estrategias de la madrileña calle Génova, pretendiendo salvar los muebles en intención de voto que no se haya llevado la riada, presuponiendo de suficiente margen restaurador hasta las próximas elecciones.
No se va, ni lo van. De momento se ha limitado a echar mano del banquillo tecnócrata, y fichando una vieja gloria, Francisco José Gan Pampols, teniente general experto en conflictos, ya sean militares o provocados por la madre naturaleza. A propósito, la “muy leal y muy noble oposición” ha preguntado antes por cuanto va a ganar el nuevo vicepresidente, que cómo piensa arreglar el estrago, social y urbano, provocado por la torrentera.
Con un notición día tras día como el número de la ONCE, recuérdese el adagio periodístico: “el papel noticioso de hoy envuelve el pescado fresco de mañana”, Mazón incluso puede autoconvencerse, entonado por su corifeo de palmeros, para ser candidato para las próximas elecciones. Si bien o mal, tanto el PSOE-PSPV como Compromís, y los 4 que van en el taxi podemita no dejarán de recordarle la “soire” de aquella velada con una periodista, mientras la indiscriminada Dana mediterránea (otra vez más) se cobraba vidas y enseres.
Pero eso ya será otra historia.