El encargo contra el otro Carlos
La invocada “actualidad” no es otra cosa que el arte de la guerra
Recreación virtual de la futura nueva sede de la Cámara de Comercio de Alicante REMITIDA / HANDOUT por CÁMARA DE ALICANTE Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 07/4/2025
Anda indignado un diario alicantino porque Carlos Baño, presidente de la Cámara de Comercio de Alicante, se permitió recordarles un hecho que a todos nos parece evidente: que ellos no son los dueños de la actualidad. La invocada “actualidad” no es otra cosa que el arte de la guerra: el discurso que cada grupo de comunicación quiere imponer, en cada momento, en función de sus intereses. Los del mentado diario son notorios y tocan su víscera más sensible, que es la cartera.
Para muestra, un botón: se ha publicado recientemente el escándalo de la adjudicación del servicio de agencia de viajes del Puerto de Valencia. Resulta que Salvador Navarro, presidente de la CEV, ha adjudicado este concurso, por importe de 225.000 euros, a la Empresa Europa Travel de su 'número 2' en la patronal, tras la controvertida descalificación de la empresa Nautalia, que habría obtenido la mejor puntuación.
La presidenta de la APV, Mar Chao, se ausentó del consejo de administración por su relación de amistad con Eva Blasco, la vicepresidenta de la CEV, delegando en Navarro, quien no tuvo empacho en firmar la adjudicación a su mano derecha. Hagamos, por tanto, la pregunta que otros omiten: ¿debió abstenerse Salvador Navarro en la votación?
Analizando las causas de abstención previstas en el artículo 23 de la Ley 40/2015, de Régimen Jurídico del Sector Público y el artículo 64 de la Ley de Contratos del Sector Público, si bien no hay evidencia por ahora de que Navarro tenga un interés económico o personal directo en Europa Travel, sin perjuicio de lo que determinen las correspondientes investigaciones, la posición de Navarro como presidente de la CEV y la de Blasco como su “número dos” implica una relación de máxima confianza que compromete hasta la médula la apariencia de imparcialidad. Y ya saben lo de la mujer del César.
La abstención de Chao por amistad indica que la APV era consciente de la necesidad de garantizar la imparcialidad. Salvador Navarro debió obedecer a esta misma lógica y abstenerse. Su decisión daña la reputación de la CEV y arroja una sombra de sospecha inevitable sobre los tejemanejes de su mandato, pero sobre todo explica la ferocidad con que se aferra a la poltrona: los negocios son los negocios.
El diario alicantino no ha prestado ninguna atención a este escándalo, seguramente porque no encaja en su concepto de actualidad facturable. Su silencio respecto a Salvador Navarro es más significativo que el denunciado recientemente por su director Toni Cabot, en una singular columna en la que invitaba a los miembros del comité de dirección de la Cámara a forzar la dimisión de Carlos Baño. Espero que tomen nota los miembros del comité ejecutivo que hasta ahora le pagaban los bolos al susodicho. Más allá de su cuestionable estilo, esa columna revela el verdadero objetivo del medio que dirige, que no es informar a la opinión pública, pobres inocentes, ni mucho menos restablecer la legalidad urbanística, que les importa un carajo, sino la dimisión de Carlos Baño, a cualquier precio. Ese es el encargo.