“Y-si”, y “pos-ya-que”, pasado y futuro de la Comunidad Valenciana
El “y tú más” o “y tú menos” sólo va en detrimento de la democracia que nos dimos en 1978, sembrando desde la insolidaridad partidista y mezquina, apenas casi 50 años después, el descreimiento en nuestros poderes públicos
El síndic de Compromís, Joan Baldoví, con el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca.
“Y-si”, y “pos-ya-que” son los prefijos que más escuchamos estos días entre la incompetencia en el pasado, y la contrición reparadora en el presente. Unos a otros (PSOE-Gobierno central y PP-Generalitat Valenciana) cargan culpabilidades de las tragedias recientes con desbordes genocidas como si buscasen la redención propia, y por tanto la conservación del poder, mientras perpetúan la condenación del contrario al averno de la eterna oposición, porque como dijo y enseñó en política el muy cristiano y habilidoso ministro italiano Giulio Andreotti cuando le preguntaron si no estaba cansado de presidir el Consejo de Ministros (lo hizo en siete ocasiones) contestando con su habitual maquiavelismo vaticanista: “el poder desgasta sí … pero mucho más al que no lo tiene” (o sea, la oposición).
Los españoles, y más los valencianos, y muchísimo más los afectados por la torrentera en la Horta Sud y el barranco del Poyo, estamos entre indignados y recelosos tanto por lo que no se hizo, como por lo que se debe empezar a hacer, a la voz de ¡ya!, para evitar nuevos desbordamientos que malhadadamente se producirán según advierten los expertos, empezando por Jorge Olcina, instruido catedrático universitario en la materia de Análisis Geográfico Regional, aplicado y sabedor de todas la riadas sucedidas a lo largo de la historia en nuestro Regne, Comunitat o País (pueden elegir el término que gusten). “Claro que volverán, y puede que cada vez con más fuerza”, me dice.
Lo que se debe acometer en nuestros ríos y correnteras, lleven agua permanente, o anden secos, ya lo sabemos desde tiempos en que el padre del cartaginés Asdrúbal se ahogó en el desbordado Vinalopó, o desde que los romanos, auténticos expertos, canalizaron cauces tras alguna trágica riada en Peñacortada y el barranco del Gato por citar obras públicas de tiempos arcaicos, y después hasta hoy por el continuo y trágico memorial que los ríos valencianos, esencialmente Júcar, Turia y Segura, Vinalopó, Serpis, Magro… constatan documentados en pérdida de vidas humanas y destrozos materiales a lo largo de la Historia escrita sobre desdichas torrenciales
Desde luego las cifras causan estupefacto, pero parece determinante, y para nuestra vergüenza colectiva al no presionar bastantemente a quienes mandan, que ni ayer, ni hoy, ni el desconsolador mañana con nuestros descendientes, se pondrá la muy costosa, pero no menos obligada solución en las obras de recogida y encauzamiento de aguas torrenteras (con decir que uno de los pueblos nuevamente afectados se llama Torrent, es que la condenación de fatales anegadas ya les viene de toponimia secular); y conjuntamente desagües suficientemente eficaces para el alivio fluvial que tantas veces demostró su incontinencia, por otra parte, natural (Naturaleza), “ojo al dato” como diría J. M. García, porque escuchando a algunos empecinados acusadores contra el PP, más parece Mazón quien haya abogado personalmente a 230 personas, que las incontinentes aguas en sus (naturales) ciclos climatológicos.
PSOE y PP, PP y PSOE, deberían ponerse de acuerdo obligada y decididamente, aunque sólo sea para paliar el dolor colectivo que sobrepasa a las siglas políticas
Y es aquí donde entran en juego las expresiones mancomunadas estos días: “y si” se hubiera hecho toda la obra hidráulica necesaria para la circulación de las aguas extemporáneas, la respuesta sólo podemos calificarla de ofensiva por absolutamente inservible trastocar lo ocurrido. Quizá la contestación a futuro esté ahora en la otra expresión del popular “pos-ya-que”.
Pues ya que estamos en ello, y por respeto a miles de muertos que en la Comunitat Valenciana han sido en los pretéritas anales contables, al menos esta vez, y creo que los sucesos lo requieren, PSOE y PP, PP y PSOE, deberían ponerse de acuerdo obligada y decididamente, aunque sólo sea para paliar el dolor colectivo que sobrepasa a las siglas políticas. El “y tú más” o “y tú menos” sólo va en detrimento de la democracia que nos dimos en 1978, sembrando desde la insolidaridad partidista y mezquina, apenas casi 50 años después, el descreimiento en nuestros poderes públicos (Montesquieu).
Acusan los populares a los socialistas de irresponsabilidad manifiesta porque todavía no han aportado un euro, siquiera para atenuar las necesidades inmediatas que no pueden ni deben tener espera; y ya no digamos las futuras cacareadas desde Moncloa (prometer hasta meter en la urna). Largo nos lo fían. Basta leer las declaraciones del conseller de Educación ahora en Hacienda José Antonio Rovira (principal estratega de Mazón), cargando sobre el Madrid, gubernamental para toda la nación, las responsabilidades primeras y últimas, por cierto, justificándose propiamente de que cuando todo aquella desamparada tragedia ocurrió en los anexos a la capital del Turia, casualmente él se encontraba en su pueblo alicantino: San Vicente del Raspeig (“sequet, pero sanet”). Ponen a caldo por irresoluta a la exconsellera, cesada por el propio PPCV embarrancado y disperso sobrevenidamente, como antes lo hicieran con Nuria Montes tras la Dana.
Pérez Llorca lo tiene difícil contestando siempre a una oposición despiadada y monotemática sobre el pasado y no sobre el presente y el futuro que le toca arreglar para preservar al Partido Popular. Feijóo conoce perfectamente las dentelladas a la yugular de sus adversarios en Televisión Española y de La Sexta descaradamente promiscuas con Pedro Sánchez en pura y parcial, además de impropia de un periodismo creíble por equidistante ideológicamente informando, pues todo es opinión abyecta y adversa a la calle Génova 13.
Abultar el bulo hasta confundirlo con la verdad demostrada y después “espolsada” por los hechos
Responden los socialistas que todo ha sido por la falta de previsión de los populares, y la descarada e inenarrable al parecer hora de ausencia del Carlos Mazón, ya dimitido (aunque recolocado salarialmente) y a quien sustituye Juanfran Pérez Llorca, un hombre al parecer bueno y tranquilo, aunque el PSPV con su maniática costumbre de ponerle pegas al enemigo, que no adversario, político, y el servilismo incondicional de Compromís y los residuos de lo que otrora fue Podemos a la valenciana, coloquen el socorrido argumentario “líbranos del hombre manso”, paradójicamente síntesis del refranero: “del agua mansa líbreme Dios, que de la brava me libraré yo”, talmente al pelo, aunque no parece que ni Albiñana, Lerma, o el más reciente Ximo Puig, pusieran solución y dique alguno para lo que de sobra sabían iba a ocurrir. ¿Por qué debió arreglarlo Mazón y no los que le precedieron (incluyo al PP en las responsabilidades)?
Muchas veces solicitado el gasto anti-riadas desde el Consell al Gobierno central, pero nunca amparado en “obras son amores” porque: “de forment ni un gra encara que tinga el títol de doctor “(como el excelentísimo Pedro Sánchez y su controvertida tesis doctoral). Todo un ejercicio de cinismo: “consejos doy que para mí no quiero”, cuya conclusión se resume en: abultar el bulo hasta confundirlo con la verdad demostrada y después “espolsada” por los hechos.
Entiendo que algunos lectores/as puedan tildar mis palabras de abocardamiento al guerracivilismo, pero soy el primero en no llegarle la camisa al cuello transmitiendo a mis nietos/as incrédulos y socarrones (ante las hipérboles de yayo) las mismas inquietudes que me trasfirió mi padre, quien tuvo el infortunio de haber vivido en sus propias carnes una bestial conflagración civil, la peor de todas las guerras por ser fratricida, aunque después arteramente manipulada (causa-efecto) por el franquismo vencedor del Frente Popular.
Flaco favor le hace a la democracia esa supuesta izquierda y sus sacristanes mediáticos queriendo enterrar y dando por muerta a la derecha para abocarnos a todos/as al pensamiento soviético – único y previamente procesado en La Moncloa –, que no en la valenciana calle Hospital. Ahogar a la derecha, hasta su letal extenuación, no es sino despertar sus peores instintos para despojarse de la momentáneamente acrítica supervivencia. Disparate alentado y propagado por quienes desde sus micrófonos y cámaras alientan a la sumisión del “mundo feliz” (socialista), o sensu contrario a la conflagración “doblando las campanas” de Hemingway.