Vaya palizón que le dimos: ellos a nosotros
El acuciante problema para el PPCV resistente es que a Pérez Llorca hay que darle ese “formato” del dirigente capaz que supere las hechuras mediáticas y políticas con esa su apariencia más “técnica en la fontanería interna”.
El president de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca
Anoche me llamaron algunos amigos, y sin embargo lectores, para comentar los resultados de Extremadura, pero no tanto por la evidente “catastrof” socialista, sino para que hiciéramos una doble lectura sobre su supuesto traslado a la Comunidad Valenciana, siempre especulativa, claro, pero no por ello menos interesante para quienes seguimos la política y la cosa pública (casi tanto como el fútbol o el destrozo de nuestra cuenta corriente en Navidad).
Según la ley de la física los extremos se tocan, y ahora lo han hecho al alza. La subida más considerable de Vox con seis diputados y las Unides-as extremeñas con tres, asunto este que deberá empezar a preocupar al bipartidismo tradicional cuando se empiece a trasladar en demoscopia y sobre el tablero de las hipótesis en el experimental laboratorio extremeño, qué puede ocurrir mañana si Pedro Sánchez sigue perdiendo convocatorias de ámbito autonómico sin otra salida, ética y estética, que llamarnos a sufragios generales, o dejar al PSOE en mínimos del 18 por ciento, incluso menos si sus socios independentistas persisten apretándole para salvarse ellos.
Haciendo zapping con las distintas emisoras (radio y televisión), algunas empaquetando los resultados en sus noticieros nocturnos, y otras alargando su amargura ideológica entre tertulianos alicaídos y/o perceptiblemente cabreados durante más de tres horas intentando tergiversar lo que ya era incuestionable recuento: La Sexta, por ejemplo desolado, Mientras La Uno, con esa “ejemplaridad” que exige la televisión pagada por todos los españoles, se trasconejaba bajo la película dominical de la semana para no tener que seguir dando explicaciones sobre el cataclismo extremeño, repartiendo culpas entre un candidato Miguel Ángel Gallardo que no ha tenido la vergüenza de dimitir hasta hoy tras tan estrepitosa derrota, y un presidente, Pedro Sánchez, absolutamente noqueado en los pronósticos electorales, y a la baja en Europa donde hoy triunfan las derechas y las muy de derechas. Lo de Extremadura ha sido un gancho directo al hígado de La Moncloa.
Y de lo general vamos a lo particular que es lo que concierne a estos renglones. Mazón queda como un zombi en su consentido escaño y por aquello de menguar las hipotecas pendientes, mientras quienes lo alzaron al poder, llamados aviesamente en el Cap i Casal “los alicantinos”, sin echar cuenta de los valencianos, y algún castellonense histórico que también lo apoyaron en su escalada desde la Diputación de Alicante al Palau de la Generalitat Valenciana.
Bueno, y por aquello del “el Sur también existe” la casualidad (o no) geopolítica Juanfran Pérez Llorca propiamente es alicantino de Finestrat (montaña y mar), y ha sostenido en el gobierno a José Antonio Rovira, el verdadero cerebrito político del epidérmico Mazón e impulsor en la sombra de Pérez Llorca a la vicepresidencia: (“Le roi est mort, ¡vive le roi!” que acuñaron los franceses en el siglo XV: o sea, el rey ha muerto, viva el rey, aunque sea sostenido por una gestora con predominio valenciano (Vicent Mompó) para evitar el “interregno valenciano” tan temido por Núñez Feijóo, a sabiendas de que su reino no es de este mundo levantino, sino del futuro nacional cuando se abran las urnas en todo el territorio español.
A partir de ahora el PPCV aguantará intentando permanecer en el poder sustituyendo al líder – irremediablemente amortizado – por un segundo consensuado en unas prisas reglamentarias. El acuciante problema para el PPCV resistente es que a Pérez Llorca hay que darle ese “formato” del dirigente capaz que supere las hechuras mediáticas y políticas con esa su apariencia más “técnica en la fontanería interna” que epatante para un liderazgo firme y estable en la cuarta comunidad autónoma en términos de PIB.
Como esta mañana me dijo un veterano cátedro socialista que desde la Transición hasta hoy ha ocupado espacios de responsabilidad en el partido de Pablo Iglesias (el bueno): “vaya polizón que les dimos: ellos a nosotros”. Para después añadir “quizá sea necesaria una catarsis que baje desde Sánchez hasta la última agrupación, discutiendo en las Casas del Pueblo tanto los porqués del fracaso, como las soluciones por muy traumáticas que puedan parecernos ahora. Hay que recuperar la militancia a toda costa y coste, o nos quedaremos en un partido testimonial”.
Con los socialistas intentando recoser las costuras tras el golpazo de Extremadura, (Podemos, en su singladura autonómica recoge los votos de antiguos comunistas y acracia contemporánea, y un PP donde nadie quiere asumir el liderazgo valenciano, salvo a la sombra de Maquiavelo y el que me quede como estoy, no es de extrañar el ascenso de Vox que demuestra la derechización de un votante quizás harto del Lampedusa alternativo entre solo dos (cambiar algo para que nada cambie).
Por mucho que los españoles nos creamos singulares, no dejamos de ser europeos, algo que demuestra la nueva derechización (trasversal) que también aquí ha dado la campanada de salida: “vaya palizón”. Abascal se bajará del caballo, se quitará los correajes y la boina roja, poniéndose el traje de demócrata en Bruselas antes de negociar con Feijóo, pero esta vez desde una posición de fuerza.