Semana del Arte de Madrid

El oriolano Roberto Ferrández Gil, en La Milla del Arte madrileña

La quinta edición de esta muestra efímera de arte moderno y contemporáneo contará una muestra seleccionada de las obras del pintor de Orihuela.

La obra de Roberto Ferrández Gil se inspira en los grandes maestros que han definido el realismo a lo largo de la historia

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Juan de Oleza

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En el marco de la Semana del Arte de Madrid se celebra hasta el 15 de marzo la quinta edición de esta muestra efímera de arte moderno y contemporáneo titulada "La Milla del Arte" que en esta ocasión volverá a conquistar el Barrio de Salamanca (calle Velázquez, 36). Un encuentro con el arte del siglo XX y sus grandes nombres, así como con las propuestas más relevantes del mercado. Y allí aparece también una muestra seleccionada de la pintura del profesor oriolano Roberto Ferrández Gil.

Vistas urbanas, retratos de conocidos, situaciones cercanas, familiares, recreadas con meticulosidad, disfrutando cada trazo, poniendo de relevancia la temporalidad de las situaciones, aportando un decadente tono poético a ciertas situaciones como la soledad urbana, el aislamiento en medio de multitudes tumultuosas o incluso una enigmática mirada perdida. Así rezaba el cartel de la última exposición de Roberto Ferrández en el Museo Sorzano de Tejada. Y es que en sus muestrarios igual podemos encontrarnos con paisajes urbanos de su ciudad natal, de la vecina ciudad de Murcia o un fascinante mosaico de pinturas parisinas donde no falta el interior del Louvre, paisajes desolados o retratos.

El pasado 2025 fue especialmente fructífero en la trayectoria de Ferrández tras alzarse con el primer premio nacional de pintura ‘Puy du Fou’ instituido por el parque temático toledano centrado en la Historia de España cuyo jurado estaba presidido por el reconocido “pintor de batallas” Augusto Ferrer-Dalmau y compuesto por el también pintor Ricardo Sanz, el músico David Summers y destacados periodistas y escritores como Antonio Pérez-Henares, Juan Eslava Galán, Isabel San Sebastián, José Calvo Poyato, Carmen Posadas, María José Solano y Alicia Vallina. Sobre el cuadro galardonado, "El Cid y la gran batalla de Cuarte", Roberto Ferrández considera que es un reconocimiento a su dedicación al realismo y un impulso a seguir explorando las posibilidades de esta corriente que busca capturar la esencia de la realidad con precisión y fidelidad.

En su búsqueda de la representación veraz, se inspira en los grandes maestros que han definido el realismo a lo largo de la historia. La fuerza y la crudeza de Goya, la modernidad y la pincelada suelta de Manet, la elegancia y el movimiento de Degas, y la maestría técnica de Velázquez son faros que guían mi camino artístico. 

Varias etapas

Pero Roberto reconoce que está en una evolución constante. “En los años 90 –afirma- mis primeros pasos exploraron los caminos del impresionismo y el expresionismo, buscando la luz y la emoción a través de la pincelada suelta y el color vibrante. La primera década del siglo XXI me vio adentrarme en el hiperrealismo, donde la precisión y el detalle alcanzaron niveles casi fotográficos. En la segunda década, mi paleta se impregnó de la luz y la vitalidad del realismo sorollesco, capturando la belleza de la luz mediterránea y la vida cotidiana”. Y más recientemente, ha explorado un hiperrealismo cubista, fusionando la representación precisa con la fragmentación y la geometría del cubismo y composiciones surrealistas. Además, la pintura de historia de España ha sido un tema último recurrente en su obra, buscando plasmar los momentos clave de nuestro pasado con rigor y emoción.

A Ferrández le ha preocupado siempre la atención meticulosa al detalle, la búsqueda de la luz y la sombra para crear volumen y profundidad, y la capacidad de transmitir la emoción y la humanidad de sus sujetos. Ya sea un retrato, un paisaje o una escena histórica, su objetivo es plasmar la realidad de una manera que resuene con el espectador. Son lienzos en los que cada esquina parece contar una historia, revelando matices que a primera vista podrían pasar desapercibidos. Se trata de composiciones repletas de detalles que exigen al espectador una lectura cuidadosa y que esconden una sutil crítica o reflexión sobre la condición humana. Así también algunos de sus paisajes muestran una realidad exuberante, vibrante, rebosante de elementos y personajes que exigen al espectador una lectura minuciosa; son composiciones cargadas de información visual, dominadas por el horror vacui. Este enfoque contrasta poderosamente con otras obras en las que la soledad de un monumento domina, presentando espacios despojados de vida que invitan a una introspección profunda.

Milla del Arte, en Madrid.

El horror vacui se hace notar también en sus lienzos parisinos, en los que conviven la emblemática arquitectura de la ciudad con el continuo fluir de los turistas. Especial atención merecen las pinturas del interior del museo del Louvre, donde el verdadero protagonismo no lo tiene el arte expuesto sino la mirada de los turistas, que interactúan como nosotros, espectadores, con la expresión artística. Frente a los lienzos abarrotados de figuras y detalles, encontramos otros que, en un fuerte contraste, presentan un relato más íntimo y solitario. En su obra se hace muy patente la tendencia a rellenar todos los espacios decorativos propios del barroco. Le atrae desde siempre el concepto del horror vacui a su manera, es decir, componer multitud de detalles en cada obra como si hubiese muchos cuadros en uno. Porque su predilección a la hora de pintar son las grandes masas corales y ese efecto recuerda mucho a las sinfonías.

En los retratos de Ferrández tenemos que hablar de la presencia imprescindible de la luz y el color; y de la importancia de la atmósfera. Su obra es multifacética, una exploración rica y la realidad, donde lo cotidiano y lo extraordinario se entrelazan constantemente. Le gusta jugar con la percepción del espectador, ofrecer una mirada profunda y contradictoria del paisaje y de la condición humana. Busca que su obra invite no solo a la contemplación, sino también a la reflexión y a la participación activa del público en la construcción de significados. Son como fotografías llevadas al lienzo.

En su pintura se preocupa por un esforzado mensaje entre emisor y receptor. Quiere que el espectador sienta emociones, pero que valore a la vez otra mirada, consistente en el esfuerzo que hay depositado en los lienzos. Desde el punto de vista técnico, considera que es bueno que el visitante “acabe” la obra como ocurre cuando vamos a ver a sus admirados Goya, Manet, Velázquez o El Greco, en donde la técnica es abreviada pero verista. Intenta pintar motivos actuales para crear esos espacios de búsqueda de los símbolos (es decir, indumentarias, andamios, carteles, asfalto, vehículos, gente obesa, bodegones modernos, actitudes superficiales o rostros con predisposición consumista o de admiración ante espacios emblemáticos).

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"Detesto lo relamido"

A Roberto Ferrández le seducen los artistas que son capaces de decirlo todo con cuatro pinceladas. “Prefiero la memoria y la concisión que obligue al público a reflexionar. La locuacidad es tediosa en cualquier campo, así es como me siento dueño y señor de mi obra. Detesto lo relamido o la técnica como fin en sí misma. Éstas pretendo que sean mis coordenadas”.

La cita con "La Milla del Arte" madrileña se presenta como una oportunidad única para descubrir artistas que son tendencia, a través de un recorrido compuesto por más de 200 obras de pintura, obra gráfica, escultura y anticuariado histórico, muchas de ellas introducidas por primera vez en el mercado y que prometen ser de gran interés. Una ocasión única para contemplar y adquirir piezas de autores fundamentales en la renovación del panorama artístico contemporáneo nacional e internacional.
​Nombres de artistas como Pablo Picasso, Joan Miró, Eduardo Chillida, Jaume Plensa, Antonio Saura, Fernando Zóbel, Rafael Canogar, Luis Feito, Gustavo Torner, Edgar Negret o Martín Chirino conviven en un espacio expositivo de más de 200 metros cuadrados, configurando un recorrido que dialoga entre distintas generaciones y lenguajes artísticos. Por segundo año consecutivo repite además Ediciones Escultura Histórica reuniendo obras de Augusto Ferrer- Dalmau, junto con una selección de bronces que recorren los principales personajes de la historia de España.
​Entre las piezas destacadas en esta edición se encuentra una colección de cinco obras únicas de Joan Miró, figura clave del surrealismo y uno de los artistas españoles de mayor proyección internacional; un original de dos metros de Luis Feito del año 1961, auténtico referente del informalismo y miembro cofundador del grupo El Paso; y una obra de Manolo Valdés, creador vinculado a la renovación del arte contemporáneo español y reconocido por su reinterpretación de la tradición pictórica. Completa esta selección una daga vizcaína del siglo XVI adaptada para mano izquierda, que refuerza el diálogo entre arte contemporáneo y patrimonio histórico.
​Las galerías participantes en la quinta edición son Aleseide Gallery, referente en escultura contemporánea y monumental española; Grabadosylitografías con obra gráfica original de artistas nacionales e internacionales de renombre, en ediciones limitadas numeradas y certificadas en diversas técnicas y estilos; Galería de Arte Pilares, originaria de Cuenca, y vinculada a los artistas que fundaron el Museo de Arte Abstracto como Fernando Zóbel y Gustavo Torner; y Ediciones Escultura Histórica- Espacio Ferrer-Dalmau, representantes del artista, y con obras de anticuariado histórico militar de gran valor. En definitiva, un encuentro que supone una ocasión única para contemplar y adquirir obras de grandes maestros y otros artistas que tenido un papel importante en la renovación del panorama artístico contemporáneo nacional.

A principios del siglo XXI se adentró en el hiperrealismo, donde la precisión y el detalle alcanzaron niveles casi fotográficos.