Vuélvete intocable: defiende tu paz interna como un castillo inexpugnable
No dejes que te afecte la energía negativa de terceros
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Este mes, la Unión Interparlamentaria alertó de un aumento de la intimidación y los insultos en la vida pública. Esta tensión es un reflejo del clima social, que no sólo se queda en la política, sino que nos afecta a todos, y se traslada a la vida personal, profesional y familiar.
Esta parábola del burro y el tigre nos ofrece una lección atemporal sobre la inutilidad de discutir con aquellos que están cerrados a la razón o a la verdad. Un día como otro cualquiera, un burro le comentó a un tigre: “Qué hermosa está la hierba tan azul”.
El tigre, sorprendido, le contestó: “Pero qué dices, si la hierba es verde”. Sin darse ni cuenta, su debate se volvió más y más acalorado, hasta que decidieron someter el asunto al arbitraje del león, conocido por su gran sabiduría. Al acercarse al león en su trono, el burro comenzó a gritar: “Su Alteza, ¡¿no es cierto que la hierba es azul!?”. El león, viendo la situación tal como era, respondió: “Si tú crees que es cierto, la hierba es azul”. Regocijado, el burro continuó: “El tigre no está de acuerdo conmigo, me contradice y me molesta. Por favor, castígalo”. El león entonces declaró: “El tigre será castigado con tres días de silencio”. El burro, triunfante, saltó de alegría y se fue cantando: “La hierba es azul, la hierba es azul…”. El tigre, perplejo, le preguntó al león: “Majestad, ¿por qué me has castigado? Después de todo, la hierba es verde”. El león respondió: “Tú sabes y has visto que la hierba es verde. Esto no tiene nada que ver con la cuestión de si la hierba es azul o verde. El castigo es porque es degradante para una criatura valiente e inteligente como tú perder el tiempo discutiendo con un asno, y encima, viniste a molestarme con esa pregunta solo para validar algo que ya sabías que era verdad.”
El mensaje clave de esta historia reside en su moral simple pero poderosa: no tiene sentido discutir con alguien que no está interesado en la verdad o la realidad, sino en mantener sus ideas inamovibles, por absurdas que sean. ¿Cuántas veces te has sentido así, cuestionado de forma absurda, y aun así, has entrado a la discusión como si te fuera la vida en ello? Ahí tienes que reconocer que has perdido el control. El símil sería: si te lanzas al barro a pelear con un cerdo, ambos acabaréis manchados, aunque el cerdo habrá disfrutado y tú saldrás a disgusto de esa situación. Por eso debes ser consciente y mantener tu energía intacta. Hazte una sola pregunta: “¿Esta discusión tiene sentido, o esta persona sólo intenta alimentarse de mi energía?” Si la respuesta correcta es la segunda, no te conviertas en esponja, sino en espejo, es decir, refleja a ese monstruo, conservando tu estabilidad: baja el tono, marca un límite, y mantén tu estado de ánimo intacto. En ocasiones, una retirada a tiempo es una gran victoria.
Conocerse a uno mismo es el mejor antídoto contra la negatividad ajena. Es en esas sombras donde encontramos nuestra luz más auténtica
Un cliente, pongamos que Antonio, responsable de equipo, se encuentra con un compañero que le ataca alterado en una reunión, diciendo: “No te enteras de nada, no sabes liderar.”. Antonio, en lugar de tragarse el golpe o devolverlo, respira y responde: “No entiendo a qué ha venido esta salida de tono. Si tienes algún problema concreto, lo revisamos más tarde con los datos que tengas; si vienes a descargarte por un mal día, te has equivocado de momento y de lugar”. El compañero se vino abajo, mirando al suelo, y ahí se terminó la discusión. En treinta segundos evitó convertirse en el tigre que pierde la paz por discutir de forma absurda y descontrolada, y a la vez consiguió no dejarse arrastrar al barro para acabar sin energía ni razón.
Aquí es donde se encuentra el verdadero poder. Evitar reaccionar, y pasar a actuar con autocontrol. Como no tienes nada que demostrar, te conviertes en alguien intocable, por ser inmune a los ataques infundados de los demás.
El gran Carl Jung, para ir un paso más allá, nos dejó una pista incómoda pero útil, para llegar al autoconocimiento, a través del cambio de foco, mirándonos a nosotros mismos, en lugar de a la persona que tenemos enfrente, con esta frase cargada de significado: “Lo que nos irrita de los demás puede llevarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos”. Este paso ya es para valientes. Se trata de atreverte a cuestionarte a ti mismo. Puedes probar con esta práctica: cuando algún comportamiento o razonamiento de un tercero te haya molestado, retira la atención de esa irritación pasajera, y pregúntate, con honestidad, por qué te ha molestado, haciendo consciente que puedes estar reflejando como espejo algo que en realidad también está en ti, aunque lo niegues; o bien puedes estar proyectando una parte de tí que es un defecto o un deseo no aceptado en tu fuero interno. En última instancia, conocerse a uno mismo es el mejor antídoto contra la negatividad ajena. Es en esas sombras donde encontramos nuestra luz más auténtica.
Recuerda: el cambio... empieza en ti!