Dos anestesias distintas; dos 19 de Julio

Este "sentimiento de unidad nacional" que emerge en los eventos deportivos es, en el mejor de los casos, una anestesia colectiva

Aficionados a la selección española de fútbol durante la celebración del partido de semifinales del mundial entre España y Francia, a 14 de julio de 2026, en MadridDiego Radames

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Hay fechas que, por su mera coincidencia en el calendario, se convierten en un espejo grotesco de la identidad de un país. Este 19 de julio de 2026, España vibrará. Pero no por la defensa de una ideología o la lucha por un futuro, sino por un balón. La selección española disputará la final del Mundial contra Argentina.

Las calles se llenarán de banderas, de gritos de "¡España!" y de una ficticia y efímera "unidad nacional". Solo 90 años antes, el 19 de julio de 1936, las calles de España también se llenaron de milicianos, pero para enfrentarse a una sublevación militar que partió el país en dos y lo sumió en una guerra civil. Comparar ambos momentos es un ejercicio de cinismo histórico que debería sonrojar a más de uno que ha escrito tal comparación.

El 19 de julio de 1936, el intento de golpe de Estado contra el gobierno legítimo de la Segunda República no fue un hecho aislado. Fue la conclusión violenta de una primavera trágica donde la polarización política ya se había cobrado cientos de vidas. Los sublevados, amparados por una élite militar, económica y religiosa, justificaron su acción con el mantra de "salvar a España" de un supuesto caos revolucionario. La respuesta de las milicias de los partidos de izquierda y los sindicatos anarquistas fue la única defensa posible ante una rebelión que buscaba imponer una dictadura militar, y al final la impuso.

Esa movilización popular, sin embargo, no fue un gesto de unidad, sino la constatación de una fractura insalvable. La entrega de armas a las milicias fue un acto de desesperación de un gobierno que no confiaba en su propio ejército, disolviéndolo para intentar crear un nuevo instrumento de defensa. El resultado fue un país partido en dos, con la "España interior, rural y de grandes propietarios" frente a la "España industrializada y urbanita”.

La sangre que se derramó ese día en el Cuartel de la Montaña en Madrid o en las calles de Barcelona no fue por una camiseta, sino por la defensa de un modelo de país y la imposición de otro a través de las armas. Ese 19 de julio, la "unidad" fue la última palabra que podía pronunciarse en un país que se desangraba ante un mundo expectante.

Avancemos 90 años. El 19 de julio de 2026, España no se divide, se une. Pero ¿qué une a un país que en los últimos años ha demostrado una capacidad de fractura política y territorial sin precedentes? Un partido de fútbol. La "Roja" se juega la Copa del Mundo contra Argentina. Pero lo relevante del hecho es el relato oficial que desde la Moncloa ya se ha puesto en marcha: “es un momento para dejar de lado las diferencias y sentirnos orgullosos de ser españoles”.

Este "sentimiento de unidad nacional" que emerge en los eventos deportivos es, en el mejor de los casos, una anestesia colectiva. Mientras España se enfrenta a Argentina en Nueva Jersey, los problemas de fondo—la precariedad, la crisis de la vivienda, el conflicto territorial, el auge de la extrema derecha, la corrupción del PSOE—quedarán relegados a un segundo plano.

La pasión por un equipo de fútbol se convierte en un sucedáneo de la ciudadanía, una forma de pertenencia que no exige ningún compromiso crítico, solo el consumo de un espectáculo. Es la "unidad" de los que gritan juntos un gol, pero que al día siguiente se odian en las redes sociales. Es la "unidad" de una nación que se reconoce más en una alineación deportiva que en una Constitución.

Comparar estos dos 19 de julio es una ofensa a la memoria de quienes lucharon y murieron en 1936. Mientras que el 19 de julio de 1936 fue el momento en que la política alcanzó su punto más álgido y trágico, el 19 de julio de 2026 representa el triunfo del vacío: la política sustituida por el espectáculo y la identidad nacional, antes un campo de batalla, reducida a una mera mercancía.

Unir a un país por un partido de fútbol es del todo efímero. Es la última pretensión del gobierno de España que, desde la Moncloa y desde TVE, está más interesado en desviar la atención sobre lo que realmente importa, y que prefiere aplazar la solución de los problemas nacionales mediante la euforia colectiva de un triunfo deportivo. Que el mismo día nos sirva para recordar y no olvidar nuestra historia a no repetir jamás, y la miseria de un presente al que nos invitan desde la Moncloa..