Caso les naus
La sospecha asfixia a la comunidad de vecinos de Les Naus
La presión ha llegado al extremo de que diversas voces han exigido la devolución indiscriminada de todos los inmuebles, sin reparar en la legalidad de cada adjudicación individual.
Europa Press
La instrucción judicial en torno a las presuntas irregularidades en la adjudicación y transmisión de las Viviendas de Protección Pública (VPP) del residencial Les Naus suma un nuevo capítulo procesal. La titular del Juzgado de Instrucción de Alicante ha rechazado la petición de desimputación formulada por tres de los investigados en la causa, argumentando en su resolución que resulta «prematuro» acordar el sobreseimiento respecto a estos tres propietarios en un momento procesal en el que la investigación continúa avanzando y recabando diligencias. Mientras el goteo de imputaciones e indicios sigue su curso en los tribunales, en los pasillos y zonas comunes de la urbanización se respira una atmósfera cargada de tensión y desconfianza. El recorrido judicial discurre en paralelo a un clima de linchamiento social que está golpeando de lleno a toda la comunidad de vecinos, incluidos aquellos que nada tienen que ver con las irregularidades bajo investigación.
El estallido del caso no solo sacudió las instituciones alicantinas, sino que dejó marcas visibles en el propio edificio. La fachada amaneció manchada con pintadas vandálicas, primera muestra de una estigmatización que pronto saltó de la piedra a la reputación de sus residentes. El señalamiento ha alcanzado cotas grotescas en las redes sociales: a raíz del reciente hallazgo arqueológico de la Venus de Alicante, no han faltado los comentarios sarcásticos que ironizaban con exponer la pieza en el propio complejo de Les Naus, una burla velada que refleja el nivel de acoso mediático y digital que sufren las familias.
Poco podían imaginar estos propietarios, cuando firmaron la compra de sus inmuebles, que la adquisición de su vivienda los transformaría en objeto de sospecha generalizada. Hoy, el microscopio de la Justicia analiza la conducta de los verdaderos investigados, pero el juzgado de la opinión pública ha dictado sentencia sumaria contra la urbanización entera, haciendo pagar a justos por pecadores.
La presión ha llegado al extremo de que diversas voces han exigido la devolución indiscriminada de todos los inmuebles, sin reparar en la legalidad de cada adjudicación individual. Esta situación ha provocado una profunda fractura social, llevando a varios residentes a sufrir el vacío de amigos y allegados al enterarse de que residen en la urbanización señalada. Ante este escenario, crece el arrepentimiento entre los propietarios, que admiten en privado su lamento por haber adquirido una vivienda en el complejo. Mientras tanto, la tensión interna y el deterioro del ambiente vecinal amenazan la convivencia, evocando una versión amarga y sombría de los enredos de Aquí no hay quien viva. Así, mientras la titular del juzgado determina la responsabilidad penal de quienes cayeron en la avaricia y el mercadeo de la vivienda protegida, la comunidad de Les Naus afronta una condena preventiva: la de vivir bajo la sombra del estigma y la cacería pública.