Aire fresco
He decidido afiliarme al Partido Socialista
¿Porqué he tardado tanto tiempo en darme cuenta?. Gracias Pedro, por fin descubro al nuevo Mesías.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
La efervescencia de esas declaraciones que han ido buscando a lo largo de estos años y de manera intencionada un momento de lucidez en el desarrollo cerebral de Pedro Sánchez, fueron creciendo con el paso del tiempo con denodada intensidad. Es algo paralelo, muy similar, a la pérdida del miedo a la hora de faltarle el respeto en tertulias y columnas de opinión, al estilo de la calle. Pocos eran los que, al inicio de su mandato, y a pesar de que ya daba muestras de que no tardaríamos en apoyarnos en un psiquiatra para intentar comprender que pergeñaba su perturbada mentalidad, se atrevían a exteriorizar determinados adjetivos por muchas vueltas que estos dieran en su psique. No les faltaba razón. La diferencia entre todos ellos y el líder supremo, era la prudencia mantenida a raya frente a la incredulidad. Era cuestión de tiempo que se perdiera y todo fue subiendo de tono con la misma rapidez que la levadura en el horno.
Aquellas primeras amenazas de un imberbe Sánchez señalando a los medios más atrevidos con querellas que nunca llegaron, Chicote en ABC e Indra en OK Diario fueron dos ejemplos, consiguió que el temor disminuyera con tanta rapidez que hoy se hace imposible ver, leer o escuchar algo que no sea directamente un exabrupto a este personaje que nos malgobierna, selecto protagonista de una trilogía de ciencia ficción. Lo terrorífico es que su paso por este mundo es pura verdad y nos ha tocado en suerte a los que por aquí andamos todavía.
Me viene todo esto a la mente, en plan hemeroteca estéril, algo que al susodicho le ha venido entrando y saliendo por las orejas con idéntica velocidad, porque me doy cuenta, en plena campaña electoral, de su innata y en absoluto desgastada capacidad para seguir ideando un futuro perverso con la misma facilidad que ha destrozado el presente. Y no es tanta la sorpresa que me supone cuando pienso en alguien que actúa acorde a los parámetros de un sádico psicópata, lo es más el poder de encantamiento que ha infringido en una masa que, no sólo le sigue hasta el precipicio, sino que observando como caen y mueren los que les preceden, son incapaces de retroceder y reparar el envite.
Inició este último capítulo de su inabarcable aventura convocando elecciones, con la garantía comprada de unos sindicatos adulterados que denigran su legendaria historia de lucha en defensa del proletariado, una falsa estrategia para arreglar el entuerto de la vivienda que él mismo ha creado, y la tranquilidad de saber que su particular magistratura le arreglaría el entuerto de la ley de nietos que tanto necesita. Pobre de aquel que todavía sueñe con un desliz del discípulo de Robespierre y Hamelin.
Las piedras del camino las sortea mejor que nadie. Si ahora resulta que los 172 diputados que votaron a favor del nefasto decreto de vivienda tenían entre ellos 242 viviendas, pelillos a la mar. Y si resulta que Conde Pumpido, con la toga tan llena de barro que no aguanta más mierda, decide que con los Eres y la Amnistía ya ha dilapidado bastante su historial y le da la razón al Supremo, tampoco pasa nada. Super Sánchez tiene solución para todo: fuera los diputados sociatas tenedores como si fuesen delincuentes y buenismo a raudales para los exiliados que no van a poder votar aunque nunca hubiesen tenido intención de hacerlo.
He decidido afiliarme al partido socialista. He estado equivocado durante todos estos años. La luz que ilumina a más de 5 millones de españoles me ha alcanzado, por fin, a mi también. No ver a tiempo que todo lo conseguido por Sánchez ha sido por mi bien, no tiene perdón. Me he puesto más en forma que nunca y no ha sido gracias a mi gimnasio, del que he tenido que darme de baja por no poder pagar la cuota, sino gracias a él. Subir el precio de la gasolina, de los alimentos y de la vivienda, tanto que se hace impensable alcanzar esa meta, me ha permitido, a una velocidad suprema, perder peso como nunca había sido capaz. La solución era ir andando a todos los lugares y comer lo justo. He visto vuestra luz. Siempre quise ser nómada y ahora, a la fuerza, lo soy.
¿Quién ha dicho que no se puede vivir con una mochila al hombro y comiendo de lo que nos da la naturaleza?. Y encima hasta hago turismo, conociendo poblaciones de las que me echan a patadas, eso sí, por la pinta que llevo. ¿Porqué he tardado tanto tiempo en darme cuenta?. Gracias Pedro, por fin descubro al nuevo Mesías.