Entrevista

"Tabarca posee un atractivo fotogénico prodigioso para la ficción cinematográfica"

Entrevista al periodista Joaquín Hernández, autor de La isla de las flores amarillas (Plaza & Janes).

El escritor Joaquín Hernández

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Hay lugares que custodian historias en silencio a la espera de que alguien se atreva a desenterrarlas. La isla de Tabarca —esa última frontera de piedra y sal frente a la costa de Alicante— es uno de ellos. En La isla de las flores amarillas (Plaza & Janés), Joaquín Hernández cruza el amor, el thriller y la leyenda pirata para tejer un fenómeno editorial que ya empieza a sonar con fuerza en los despachos de la industria audiovisual. Este jueves 29 de octubre en el Museo de Aguas de Alicante, el autor hablará de su obra, las deudas del cine con la isla y los peligros de un turismo que amenaza con desdibujar la memoria de su paisaje.

Se ha publicado recientemente que su novela encabeza las quinielas para convertirse en una serie de producción propia en plataformas como Netflix. ¿Ha habido ya una llamada formal o se trata, por ahora, de una certera intuición de la crítica?

Surgió a raíz de un artículo firmado por un periodista especializado, quien analizó las novedades editoriales del mercado y señaló que, de entre los cientos de títulos que se publican cada mes, La isla de las flores amarillas es una de las candidatas idóneas para dar el salto al streaming. Posee todos los ingredientes narrativos y visuales que hoy demanda el sector. De momento no hay contrato sobre la mesa, pero la mecha está encendida y vamos a pelear para que ocurra.

¿Fantasea el novelista en la soledad de su escritorio con el momento en que sus personajes cobren vida en la pantalla?

Absolutamente, sería un sueño. Cuando uno pasa tantas horas a solas ante el ordenador imaginando tramas y modelando voces, resulta emocionante pensar que esos personajes puedan cobrar rostro y movimiento. Ahora de lo que se trata es de hacer el suficiente ruido para que en las grandes productoras reparen en el libro y lo lean. Tabarca posee un atractivo fotogénico prodigioso para la ficción cinematográfica.

Resulta paradójico que un enclave con un bagaje histórico tan singular como Tabarca apenas haya servido de plató cinematográfico...

Es difícil de comprender. Se rodó una película allí hace ya muchísimos años, pero prácticamente nada más. Me parece una lástima y una oportunidad desaprovechada. Si finalmente se rueda una producción de envergadura en la isla, el gran público descubrirá por fin la fascinante peripecia pirata que esconde su pasado.

¿Ha constatado si el lector de fuera de la Comunitad Valenciana desconocía la trastienda histórica de la isla?

Muchos lectores me comentan que conocían de oídas la existencia de Tabarca, pero pocos la habían visitado o indagado en su historia. A raíz de la lectura de la novela, a muchos les han entrado ganas de coger un barco y venir a conocerla. Les atrae esa aura mística y peligrosa de la piratería mediterránea que parece haber quedado sepultada bajo el sol estival.

¿Acompañan las instituciones locales a la hora de preservar y divulgar ese patrimonio cultural?

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Es fundamental hacer una apuesta seria por la divulgación. Por ejemplo, el Museo de la Isla es un recurso valiosísimo que, las veces que he intentado visitarlo, me lo he encontrado cerrado. A ello se suma la necesidad imperiosa de cuidar el entorno: el turismo actual está derivando en un fenómeno cierto punto descontrolado que exige contención y mimo para no desvirtuar la esencia de la isla.