Dana adam
El nuevo tanque de tormentas de Elche frena la DANA 'Adam' y salva las playas de Arenales del Sol
Los sistemas de retención del municipio lograron almacenar más de 54 millones de litros de agua pluvial para su posterior depuración y reutilización agrícola y medioambiental.
Arenales del Sol
El primer gran envite meteorológico del otoño ha servido para certificar la eficacia de las nuevas infraestructuras verdes de Elche (Alicante). El paso de la DANA Adam, que dejó precipitaciones intensas y desiguales en el municipio entre el 18 y el 20 de octubre —con un pico de 83,1 litros por metro cuadrado registrado por la estación de Avamet en el Clot de Galvany—, ha supuesto el bautismo de fuego del nuevo tanque de tormentas de Arenales del Sol.
La instalación, gestionada por la empresa mixta Aigües d'Elx e inaugurada el pasado mes de septiembre en la avenida San Bartolomé de Tirajana, superó el examen con nota: logró retener cerca de un millón de litros de agua pluvial, evitando que la red de alcantarillado costera entrara en carga y que las escorrentías contaminantes terminaran desbordándose directamente sobre la playa.
Según datos municipales, la clave del éxito radica en su capacidad de respuesta ante picos torrenciales. La nueva infraestructura es capaz de absorber hasta 667 litros de agua por segundo, una cifra que multiplica por más de siete los 90 litros por segundo que puede gestionar un sistema convencional de bombeo de aguas residuales.
Economía circular contra la sequía
El valor medioambiental del proyecto no termina cuando la tormenta amaina. En lugar de desperdiciar la escorrentía o poner en riesgo el ecosistema marino, el volumen capturado es conducido de forma gradual hacia la depuradora de Arenales del Sol. Tras su tratamiento, esta agua adquiere una "segunda vida": se destina a la regeneración ambiental del paraje protegido del Clot de Galvany y al regadío agrícola, transformando una amenaza meteorológica en un recurso valioso para un territorio aquejado por la sequía estructural.
A este escudo hidráulico en el litoral se suma la red de tanques reguladores del Parque Empresarial de Elche. Este complejo, con una capacidad total de almacenamiento de 73.200 metros cúbicos (el equivalente a unas 29 piscinas olímpicas), combina cuatro tanques soterrados y un estanque exterior. Durante el episodio de la DANA Adam, esta red logró retener 53.360 metros cúbicos de agua (más de 53 millones de litros), que también serán derivados progresivamente a la depuradora para su reutilización.
Así funciona el escudo subterráneo que protege nuestras costas de las riadas
Frente a fenómenos meteorológicos cada vez más extremos e impredecibles, las ciudades necesitan soluciones de ingeniería hidráulica que actúen como verdaderos "pulmones" de almacenamiento temporal. Un tanque de tormentas es, en esencia, un depósito subterráneo de gran envergadura diseñado para capturar, retener y regular las aguas pluviales durante episodios de lluvias torrenciales, evitando inundaciones urbanas y protegiendo el ecosistema marino.
El proceso arranca con la captura rápida del denominado "primer lavado" (First Flush). Cuando comienza una tormenta de gran intensidad, las primeras precipitaciones limpian el asfalto y las calles, arrastrando aceites, metales pesados, plásticos y otros residuos urbanos. Si este flujo masivo entrara de golpe en la red general, superaría la capacidad de las tuberías y terminaría vertiéndose, sucio y sin tratar, directamente al mar o al río. Para evitarlo, el tanque de tormentas actúa como una válvula de escape de alta velocidad: mediante compuertas automatizadas y colectores de gran diámetro, absorbe ese torrente inicial antes de que colapse la infraestructura de la ciudad.
Una vez que el agua penetra en la cavidad subterránea, comienza la fase de retención y decantación. Al ingresar en un espacio de gran volumen, el flujo reduce bruscamente su velocidad, lo que permite una primera separación física por gravedad: los sedimentos y arenas pesadas se posan en el fondo del vaso, mientras que los materiales flotantes —como plásticos o grasas— quedan atrapados en rejas de cribado y barreras de retención, reduciendo significativamente la carga contaminante antes de cualquier tratamiento químico.
Finalmente, cuando la tormenta amaina y la red general de alcantarillado recupera su caudal normal, se activa la fase de vaciado controlado. Mediante bombas de achique reguladas, el agua retenida en el tanque no se devuelve de golpe a la naturaleza, sino que se conduce de forma escalonada hacia las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR). Allí recibe el tratamiento completo que permite devolverla al medio ambiente en condiciones óptimas o, como en el caso de Elche, darle una segunda vida a través de la reutilización en el riego agrícola y la regeneración de humedales protegidos.