El estandarte del Cuervo
Tirando puentes
Por ello, la responsabilidad, si la hay, debe quedar absolutamente establecida tras su investigación y a través del correspondiente procedimiento legal. Ojalá no duerma el sueño de los justos y sea rápido y eficaz. Una justicia lenta no es una justicia, es una injusticia.
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, durante una rueda de prensa, en la sede del Ministerio, a 30 de octubre de 2026.
Fuera caretas. Antes de que alguien lo deduzca lo digo directamente, no me cae Ud. bien D. Oscar. También se lo ha ganado a pulso. Ha opositado y ganado el primer puesto cum laudem. Su comportamiento chulesco y desatinado no colabora a lo contrario. No se trata ya de no asumir responsabilidades, nos ha acostumbrado a ello la clase política, toda ¡ojo!, no se libra ni el Tato. Ud. va un tramo más allá, se regodea y disfruta, encuentra en el barro su elemento y hogar, se siente bien y cómodo donde la inmensa mayoría restante estaríamos desando escapar y limpiarnos la mugre.
El mejor árbitro es aquel del que no se habla después del partido, el que realiza su trabajo correctamente y pasa desapercibido, así entiendo la labor del político y mucho más de quién ocupa la primera fila. La gestión pública es algo muy, muy, serio y no un corro de chascarrillos, coñas marineras y chanzas, más o menos, ocurrentes. Es la administración del esfuerzo ajeno para el que voluntariamente (no se olvide) se han postulado obteniendo el favor del electorado. Nadie les obligaba, y cuando obtienen la posición, el nombramiento, las prebendas y ventajas que conlleva también asumen obligaciones, entre ellas y quizá la mayor, ser ejemplo de pulcritud y responder adecuadamente a la confianza depositada. No parece el caso.
Que nos hayan habituado, entre unos y otros, a lo contrario no le exime en absoluto. Desconozco, no soy técnico, quién o quiénes son los responsables del caos de dolor, de la brecha moral que preside nuestro país estos días. Más de ciento veinte fallecidos en dos accidentes ferroviarios en menos de nueve meses no es una incidencia, es un desastre mayúsculo, como mayúscula es la responsabilidad del principal gestor de la materia sea por acción, no lo creo en absoluto, o muy probablemente, por omisión. Omisión del deber de hacer las cosas adecuadamente, principal y casi exclusiva obligación del cargo.
Lo primero es lo primero, la pérdida de vidas, el dolor que ello provoca a familiares, amigos y conocidos es irreparable, inasumible. La zozobra y quiebra que conlleva no puede compararse con nada. Por ello, la responsabilidad, si la hay, debe quedar absolutamente establecida tras su investigación y a través del correspondiente procedimiento legal. Ojalá no duerma el sueño de los justos y sea rápido y eficaz. Una justicia lenta no es una justicia, es una injusticia.
A partir de ahí sus derivadas, no pocas. El temor, pánico, a usar un servicio público otrora orgullo patrio. Propio y ajeno, pues poca paz da hoy subirse a un medio de transporte que hace nada no se asociaba con riesgo alguno. El mismo que tienen nuestros familiares al decirles que lo vamos a usar o el descrédito internacional unido a la marca España que tanto lucíamos allá por el 92 cuando se puso en marcha. Por no hablar de los acuerdos, convenios, contratos y pactos sobre instalación y mantenimiento de redes antes alabadas y hoy demonizadas.
Como casi todo, no depende de una única causa, sería demasiado sencillo para la complejidad social actual. Poco, más bien nada, ayuda que carezcamos de presupuestos generales del Estado desde hace casi, un mes y una miaja falta, cuatro años que acuerden en qué se invierte el erario público, ese al que todos los contribuyentes aportamos de nuestro común esfuerzo. Tampoco ayuda, y esto sí depende del ejecutivo, que el comité de seguridad lleve años sin auditar ADIF según publican los medios o que la cúpula del organismo constituida por técnicos en la materia haya sido sistemáticamente sustituida por afines al gobierno. Al ciudadano le importa un bledo quiénes la compongan mientras sean competentes, del color, signo o tendencia que fueran.
La última derivada, eso espero, es que ante más de ciento veinte personas que jamás volverán a ver el amanecer, a tomarse un vermú con familiares y amigos o a celebrar la Navidad en familia, a reír o llorar frente al televisor, nada ocurre, nada pasa, todo sigue igual sin consecuencia. Como si fuera algo sin importancia, sin transcendencia, sin entidad suficiente, sin valor alguno, una mera noticia mucho menos importante que la consecución del segundo mundial de futbol. Con perdón ¿qué cojones le pasa a nuestra sociedad, a nuestro querido país?.
Sr. Puente, es Ud. el responsable de transportes y, por ello, de la red ferroviaria y ha demostrado su incompetencia para gestionarla. No sé si por casualidad, causalidad o por mala suerte. En cualquier caso, le sigue y persigue una alargada y siniestra sombra imborrable que aconseja su separación del cargo. Asirse a él, cual garrapata, no le beneficia, créame, al contrario. Tenga el momento de lucidez y honor preciso para prescindir de la propia conveniencia y dedicarse a otra cosa. Dé un respiro al ciudadano, una muestra de madurez, de compungimiento, comparta el dolor que a todos nos aprieta el pecho y sea consecuente con lo hecho, con lo no hecho y con lo que se debió haber hecho.
O no, Ud. verá.