Cambiar las vías, también las políticas
Hoy que el choquetazo en Urda (Toledo) cubre casi toda la información periodística, los mismos trabajadores de Renfe han sacado a relucir desde sus sindicatos graves deterioros y defectos en las líneas de alta velocidad, y por supuesto los que directamente nos conciernen para comunicarnos con Madrid (Albacete, Cuenca…) o Barcelona (Castellón, Tarragona…).
Vagones descarrilados en el accidente ferroviario en Urda, a 29 de octubre de 2026, en Urda, Toledo, Castilla-La Mancha (España).
En España siempre nos ha gustado (y hecho) lo de empezar las casas por el tejado, no sé si con más vanidad que orgullo y/o viceversa, pero el caso es que invariablemente adolecemos de mala fama externa por precipitados. Una de nuestras últimas y mayores precipitaciones fue la red ferroviaria, preciso es reconocer su lamentable y desequilibrado estado hasta los últimos años del franquismo cuando los llamados “ministros tecnócratas” empezaron a poner remedio con parches ineludibles desde Madrid al Norte, Sur y Este (cuestión de tráfico poblacional entre la capital cordobesa para extenderse a Sevilla).
El banderín de enganche para la Exposición Universal de Sevilla 1992, fue el AVE, un tren de alta velocidad y equiparable en prestaciones a los aceleradísimos y envidiados vecinos del Francia, Centro Europa y hasta si me apuran los punteros japoneses y experimentales chinos (300 km a la hora).
Todavía recuerdo un viaje de aquellos inaugurales en el que nos llevaron a un buen grupo de periodistas, atónitos por poder comer en nuestros asientos, carrito de prensa y de bebidas, ver la televisión, observar cómo corría vertiginoso el paisaje, y algo menos atentos a las explicaciones más explícitas y puntuales sobre aquella maravilla tecnológica que nos patrocinaba el portavoz de Renfe, es decir del Gobierno del sevillano Felipe González.
Naturalmente cuando regresamos a casa de cada cual, más que pedir, exigimos a nuestros políticos autonómicos y hasta municipales idénticas o mejores prestaciones ferroviarias a las que ya disfrutaban gran parte de los andaluces del sudoeste. Es obvio que ante la presión mediática todos nuestros electos de todas las siglas fueran a Madrid con la petición de inmediatez como primera reivindicación. Y no fue menos causa-efecto, que el Gobierno central intentando (o disimulando) hacer suyas esas demandas comenzaran a comprar máquinas y vagones de alta velocidad.
Y ahí estuvo otra vez el habitual problema tan español de poner el carro antes que los bueyes; es decir, adquiriendo a países más avanzados tecnológicamente (compañía francesa Alstrom) los trenes de ultimísima generación antes que reparar – y sustituir en el mejor de los casos – nuestros añosos y desgastados raíles y traviesas por donde se pudiera y debiese circular hasta los entonces sorprendentes en la Península Ibérica, 200 km/h.
Nadie podía imaginar por aquellas fechas que la tecnología también exige sus tributos: 115 (o alguno más) pasajeros fallecidos entre Adamuz y Urda en apenas nueve meses, situándonos a la cabeza de Europa paradójicamente por lo contrario a nuestras altaneras pretensiones competitivas en el ámbito del transporte de viajeros. Ahora la primera pregunta que se hace en las encuestas de cualquier medio de comunicación, es: “¿viajará usted en tren”? La respuesta casi siempre se encalla entre una mueca que va desde la angustia a la necesidad: “¿Qué remedio?”.
Los valencianos, entiéndase Comunitat, siempre hemos tenido una inmejorable y fluida relación con Madrid, tanto que incluso fuimos capital de España en la II República durante 11 meses, cuando el Gobierno democrático huía de las tropas franquistas cañoneando el Foro y mandando a las tropas de asalto africanistas, bien entrenadas en estas misiones genocidas, para tomar a sangre y fuego la ciudad.
Con razón se dice que Franco, junto a Vizcaya y Guipúzcoa, también nos llamaba “provincias traidoras” tanto a Valencia como a Alicante, basta recordar la inmediata posguerra con los campos de exterminio como Los Almendros (en el barrio alicantino de La Goteta donde murieron más personas por necesidades perentorias que por las balas de otro pelotón de fusilamiento próximos al cercano cementerio).
Hoy que el choquetazo en Urda (Toledo) cubre casi toda la información periodística, los mismos trabajadores de Renfe han sacado a relucir desde sus sindicatos graves deterioros y defectos en las líneas de alta velocidad, y por supuesto los que directamente nos conciernen para comunicarnos con Madrid (Albacete, Cuenca…) o Barcelona (Castellón, Tarragona…). Claro que, teniendo un valido responsable de los viarios como Óscar Puente, cuya “superlativa” inteligencia ministerial apenas la podría superar nuestro Carlos II rey de España, éste mandatario de ahora también “hechizado” por pura necedad, supongo que desde nacencia, a quien Pedro Sánchez puso en el cargo para que se llevara todas las bofetadas contra su Gobierno conociendo la resistencia que ofrecen esos peculiares individuos que no dan para más en la vida (cortitos), no en el circo profesional (payasos). Eso sí, ocurrente cada vez que sale en la tele el chusco ministro Puente nos hartamos de reír porque ya no causa siquiera expectación para escudriñar la última tontada que suelta sobre el accidente, incluida su ¡¿posible?! dimisión.
¿Cuándo lo va a sacar Pedro Sánchez del crematorio donde no deben quedar ya ni las cenizas? Probablemente esté buscando un muerto/a para echarle el ídem mientras llega el ya próximo día en que no ha tenido más remedio constitucional que convocar elecciones.
Aquí en nuestra Comunitat, y entre la Dana, incendios o sensu contrario torrenteras devastadoras ocurridas durante sus aciagos ocho años de mandato sanchista, lo tiene claro. Hace tiempo que dejamos de ser socialdemócratas de posguerras para irnos al centro liberal, la derecha e incluso una derechona untraísima tan de moda en la Europa de las corrientes sociales antimigratorias, de los nacionalismos decimonónicos por encima de la Unión Europea, y además la necesidad de mantener el euro frente a la monedas china y americana, por no hablar de las tecnologías de ultimísima generación que arrastran a toda una potente industria.
Pérez Llorca aguanta algo nervioso por encima de su carácter habitual estos días hasta el 29 de noviembre. No sería de extrañar que, si la victoria de Feijóo y Abascal en estas tierras fuese sonada, el propio presidente de la Generalitat nos convocara a las urnas autonómicas y municipales por dos motivos muy simples: el más que obvio cambio de ciclo, y difuminar para siempre lo que supuso para la CV su amigo Carlos Mazón, caído en desgracia tabernaria.