Desbordado Ebro
Viendo el crecido caudal de un río, que arrastra, ojo al dato, dos mil metros cúbicos por segundo, crece mi perplejidad y pasmo. Sigo sin entender la insolidaridad
Desbordado Ebro
No se me ocurrió otra cosa que relacionar la pérdida de categoría del Real Zaragoza con el trasvase del Ebro. Puse por escrito que las lágrimas de los aficionados zaragocistas incrementarían el caudal de un río a cuyo trasvase a la Comunidad Valenciana se oponían. Y oponen. ¡Qué dije, la que se armó! Más que explicarme, que bien poco se podía hacer, preferí disculparme, lo que no impidió una catarata de insultos contra mi sarcasmo.
Una disculpa que no escondía mi perplejidad ante la cabezonería de quienes entonces, y ahora, siguen oponiéndose a la posibilidad de que el agua que sobra – ¿acaso no es sobrante al menos una mínima parte de la que estos días les inunda campos, carreteras, vías férreas? — llegue a la Valencia, Alicante, Murcia y Almería, donde tanta falta hace.
La primera decisión del gobierno de Rodríguez Zapatero en 2004, con la firma de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, fue decretar la paralización del Plan Hidrológico Nacional y su presunta sustitución por desaladoras o desalinizadoras, que se las llame como quiera no son la solución del problema salvo en Canarias donde no hay posibilidad de hacer un trasvase. Una insolidaria decisión la de cargarse el PNH que estos días se recuerda vía whatssap, mientras la crecida del Ebro sigue causando tantos y tan graves problemas con su desbordamiento.
Sigo perplejo. De modo que el agua dulce del Ebro que se pierde en el mar tiene que ser desalada si de paliar la sed de valencianos y murcianos se trata. Viendo el crecido caudal de un río, que arrastra, ojo al dato, dos mil metros cúbicos por segundo, crece mi perplejidad y pasmo. Sigo sin entender. Y encima viene Tardà, que con su ERC se opuso, y se sigue oponiendo, furibundamente al trasvase, para hacer apología en Vinarós de los países catalanes.