DANA

Gracias a los héroes que desenterraron Valencia del barro

Este Día Internacional del Voluntario se reconoce la solidaridad que ha movilizado a toda España para salvar a Valencia de la DANA con la consigna de que "solo el pueblo salva al pueblo". 

Voluntarios en Chiva

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Cuando las riadas engulleron 75 localidades de Valencia la tarde del 29-O, quienes lanzaban una sábana desde el balcón para que personas arrastradas por la corriente a punto de ahogarse pudieran trepar, quienes protagonizaron los primeros rescates a las personas vulnerables fueron los propios vecinos. Cuando amaneció y no vino nadie, mientras en las sepultadas calles embarradas yacían cuerpos sin vida y se amontonaban montañas de coches, José Feliciano subió a su tractor y limpió las céntricas calles de Paiporta antes incluso que su propio garaje. Cuando se vaciaron los supermercados por los pillajes y no había qué llevarse a la boca, Susana convirtió las ruinas de su tienda de alimentación de Massanassa en un punto de reparto solidario. O los conocidos militares de Chiva que fuera de servicio peinaban la zona en busca de vidas. Ellos fueron algunos de los los primeros voluntarios, que posteriormente darían lugar a una oleada de solidaridad en todo el país sin precedentes en la historia de España. 

Sin esperar nada a cambio, ofrecieron su tiempo y su cariño a los afectados de la tragedia. Con sus manos limpiaron el barro, devolvieron las calles a una pseudonormalidad, ayudaron a familias desconocidas a sacar sus muebles podridos, a recuperar lo que eran sus hogares. No solo trajeron comida o productos de higiene; anónimos desde Sevilla o Madrid, por citar ejemplos, han llevado personalmente electrodomésticos y mobiliario nuevo a las casas de Pedralba o Alfafar, arriesgando incluso sus vidas como lamentablemente le ocurrió a los voluntarios intoxicados por gases o exponiéndose a infectados por bacterias en el fango. También acudieron voluntariamente refuerzos de las fuerzas y cuerpos de seguridad de otras ciudades. Devolvieron la esperanza a quienes lo habían perdido todo.

Tan solo desde la Ciudad de las Artes y las Ciencias, partieron 20.000 voluntarios. Pero no fueron solo ellos. Paralelamente, las rutas de la solidaridad llenaron los puentes de personas que cruzaban a pie al otro lado del Nuevo Cauce del Turia, la frontera entre la zona tercermundista y la normalidad de la ciudad. Eran incontables, en cada colegio, en cada comercio, en cada esquina. En ese escenario de guerra donde se echó en falta a los militares la primera semana, donde se mantuvo al pueblo abandonado durante días por parte del Gobierno, la consigna que se repetía con fuerza de boca en boca era: "solo el pueblo salva al pueblo". 

Pero la llama de la solidaridad se ha ido apagando. En las últimas semanas, las rutas se han vaciado. Aunque aún hay voluntarios repartiendo ropa o alimentos, la mayoría de aquellos que dieron todo de sí incansablemente ya regresaron a sus ciudades de origen. Las inscripciones a la coordinadora del voluntariado decayeron hasta el punto de llevar a la Generalitat a suspender el programa. Este puente de diciembre se ha vuelto a abrir la plataforma para aquellos héroes a los que les quede fuerzas para echar una mano más, porque todavía es muy necesaria. 

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