El estamento
Es la única profesión o gremio que en nuestras europeas españas sigue ostentando el glorioso blasón de la división social clásica propia del medievo
Un árbitro señala con un banderín
No es el título de la última novela de Stephen King. Tampoco es la sesuda tesis sobre Historia Medieval de ningún licenciado. Es, como te habrás imaginado, sagaz lector, la peculiar denominación con la que después de habiendo superado el Renacimiento, la Ilustración, el Romanticismo e incluso el Siglo XX enterito y con sus dos Guerras Mundiales, sólo sigue manteniendo en España el colectivo arbitral.
Pues sí como más o menos decían los clásicos el nombre hace o es la propia cosa, el autodenominado pomposamente "Estamento Arbitral", es la única organización de personas que actualmente en nuestra castigada piel de toro, se aventura a seguir ostentando tal título arcaico. Cuando hace centurias que ya casi no hablamos de ningún estamento: ni militar, ni aristocrático. Ni por supuesto eclesial. Por más que obviamente sigan existiendo.
Lo cual nos indica a las claras que no estamos siquiera ante una casta. Hoy en día ya tan vil y facilonamente despreciadas. Si no extasiados frente a un ente providencial y sublime, que colocándose por encima de hasta la Santa Madre Iglesia, es la única profesión o gremio que en nuestras europeas españas sigue ostentando el glorioso blasón de la división social clásica propia del medievo. Lo cual después de más de quinientos años y cuando ni siquiera el fútbol existía, es de un mérito arqueológico inexplicable.
Y todo ello por sobrenatural y bizarro que pueda parecer, es tristemente compatible con la figura tradicionalmente de Chivo Expiatorio del trencilla. No sólo en esos campos y choques reglamentarios de Dios, de profesionales y aficionados; solteros, infantiles, folclóricas, periodistas y casados... que heroicamente de negro cada fin de semana sobrevive a la furia carpetovetónica desatada del mayormente frustrado progenitor uno. O del dos, hoy mas ofuscada todavía: que a mí estrella o a mi niño ni pitarlo...!
Pero la Copa del Rey 2025, hasta aquí hemos llegado... Que enmudezcan pues esos histéricos gritos en los estadios. Tantos inmerecidos insultos aunque falsamente catárticos. Que cese la agria e infundada crítica periodística al Sacro Estamento. Basta pues de acosar y dudar de la inmaculada honradez de estos jueces extraordinarios!
Queden pues los demás colectivos, de subgremios mil que ante el público su infeliz y mediocre profesión ofician, que por no ser Divino Estamento, bien pueden y bien merecen ser criticados.
Nihil Obstat.