Un Plan Sur Metropolitano
La gestión metropolitana, ensayada con éxito en materia de distribución de agua potable y tratamiento de residuos, requiere su definitiva implantación en movilidad urbana y en ordenación del territorio
La alcaldesa de Valencia, María José Catalá.
La alcaldesa de Valencia, María José Catalá, no ahorró energía, capacidad de síntesis, ni un razonable optimismo al inaugurar el interesante Foro promovido por el periódico Levante y eficazmente coordinado por el profesor Joan Romero, al pronunciarse con decisión sobre la necesidad inminente de un Plan Sur Metropolitano.
Otros encuentros similares -incluido naturalmente el simposio auspiciado por ESdiario en la UPV del que di cuenta hace un par de semanas- con independencia de que su perfil fuera más específico en términos propiamente hidrológicos, no han evitado el necesario contexto territorial, ni orillado los aspectos territoriales.
Así lo he podido constatar también en la Jornada sobre la “Recuperació tras la dana. Protecció i prevenció de riscos d`inundació” del jueves pasado en la UPV, especialmente centrada en cuestiones hídricas de la competencia de la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico Sara Aagesen, quien acompañada de la de Ciencia, Innovación y Universidades, la valenciana Diana Morant, participó en la sesión de apertura. Como lo hizo el catedrático de geografía de la UA Jorge Olcina.
Y si la deseable -imprescindible- coordinación entre administraciones sigue siendo la ausencia que más preocupa a los científicos, la coincidencia de objetivos estratégicos y la consideración en hipótesis y metodologías de recuperación está siendo afortunadamente frecuente. Fundamentalmente en los aspectos y corolarios de ámbito territorial.
El contundente titular elegido para esta tribuna de opinión, extraído literalmente de las palabras de la Alcaldesa, sintetiza la oportunidad de diseñar una operación compleja que combine las llamadas obras estructurales necesarias -el Plan Sur del 57 es la referencia inopinable- y las “blandas”, de regeneración natural, como los parques inundables que los expertos conocen y aconsejan. Estos coinciden en señalar que, aun lamentando los estragos producidos en La Torre y Castellar-Oliveral, la ciudad de Valencia vio paliadas las consecuencias más graves gracias al desvío del cauce del Turia. Proyectar la actuación al ámbito metropolitano que componen los “29+1” municipios resulta de una lógica tan razonable como su previsible eficacia.
Dos aspectos más, relevantes, son denominador común en todos estos encuentros: la urgencia de medidas de choque junto a un calendario programado a lo largo de una década -período estimado para una reconstrucción efectiva- y la oportunidad de mejoras sustanciales en la recuperación.
El debate simultáneo de las necesidades de orden jurídico y económico que deben acompañar el objetivo no puede hacerse esperar. La gestión metropolitana, ensayada con éxito en materia de distribución de agua potable y tratamiento de residuos, requiere su definitiva implantación en movilidad urbana y en ordenación del territorio.
Los antecedentes de figuras jurídicas, entes, corporaciones, consorcios o consejos metropolitanos facilitarán la tarea de armar la estructura funcional y administrativa del órgano más adecuado. Su potencialidad depende en primer lugar de determinadas inter concesiones -cesiones o renuncias en algún caso- de soberanía municipal. Lo que nunca resulta sencillo. Y tiene que venir soportada por una financiación propia y en cierto modo autónoma, que sin embargo no debe encarecer el erario público. Nada fácil. Ambas cuestiones penden de esa coordinación administrativa que se echa de menos entre Gobierno y Autonomía, pero goza afortunadamente de cierto hábito en el ámbito local. La Albufera es un ejemplo de ello.
El pronunciamiento de Catalá, anima a continuar con el emprendimiento.