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El portero destapa en el juicio el infierno que se vivía en casa del canónigo asesinado en Valencia: "me daba asco"

El testigo clave relata en el juicio que la víctima llevaba a hombres “muy vulnerables” a su casa a cambio de sexo y que los incidentes eran frecuentes, mientras Fiscalía pide 28 años de cárcel por asesinato, robo y estafa al autor del asesinato. 

El acusado del crimen del canónigo de la Catedral de València en enero de 2024 EUROPA PRESS 26/1/2026EUROPA PRESS

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El juicio por el asesinato del canónigo de la Catedral de València, Alfonso, de 79 años, ha arrancado este lunes en la Audiencia Provincial con la declaración del portero del edificio donde residía la víctima, un testimonio que ha dibujado un escenario de conflictos continuos, relaciones con hombres “muy vulnerables” y una convivencia marcada por el secretismo y la tensión vecinal: "Alfonso tenía un carácter fuerte, complicado. Yo porque sabía torearlo a pesar del asco que me daba a mí por lo que estaba haciendo, pero los vecinos estaban hartos", ha afirmado el portero en sede judicial.

El testigo ha asegurado ante el jurado que se cruzó con el único acusado, Miguel, “dos o tres veces como máximo” y siempre meses antes del crimen, la última en verano, sin que en ningún momento le despertara “ninguna sospecha”. Según su versión, nunca llegaron a hablar y no lo asoció con nada fuera de lo normal. Durante su declaración, el testigo ha confirmado que el canónigo solía llevar a su piso a hombres en situación de necesidad a cambio de relaciones sexuales y que, en ocasiones, los dejaba encerrados con llave cuando se ausentaba. 

"Al principio me decía que si hacían algo que le avisara porque tenía dinero y tenía miedo de que se llevaran algo, pero yo le contesté que no era mis funciones y que no me parecía correcto", ha apuntado. Y ha contado algunos de los incidentes que presenció, como el de un chico de color que bajó "diciendo que le había tocado el culo y que le iba denunciar, que no podía ser que un sacerdote hiciera eso", otro que insistía en hablar con Alfonso porque había concertado sexo oral por 60 euros y solo le pagó 40 y "tenía una necesidad imperiosa de conseguir ese dinero, no mostró una actitud violenta sino de desesperación porque se vio humillado".

"Depende del carácter de esos chicos la cosa acababa de una manera o de otra", ha apuntado. Para evitar incidentes tenía "una persona de confianza" que entre otras funciones le dijo que "cuando había problemas con los chicos iba a amedrentarlos". También llamó a un electricista para una desconexión rápida del telefonillo para que "los chicos se cansaran de llamar".

Otra vecina le contó que escuchó una conversación de la víctima con un chico: "le estaba diciendo que si se la chupaba le daría dinero". "Los vecinos estaban hartos, a ellos y a mí nos resultaba repugnante y doloroso", ha recalcado. Pero no era algo nuevo. Una vecina del anterior inmueble en el que residía les avisó: "Que se preparen todos los vecinos porque lo que viene es muy fuerte. Es un sacerdote al que le gustan los chicos".

El crimen, cometido por asfixia, se produjo entre la noche del domingo 21 de enero de 2024 y la madrugada del lunes siguiente. El procedimiento se sigue por jurado popular y está previsto que se prolongue hasta el próximo 3 de febrero.

El Ministerio Fiscal solicita para Miguel un total de 28 años de prisión por asesinato, robo con violencia y estafa continuada. La acusación sostiene que el acusado actuó de acuerdo con una segunda persona no identificada y que, aunque no se pueda acreditar que fuera quien apretó el cuello de la víctima, sí tuvo una participación “directa, eficaz y decisiva” en los hechos.

Según el relato de la Fiscalía, el canónigo permitió la entrada al acusado por la relación de confianza que mantenían desde hacía meses. La otra persona aprovechó que Alfonso estaba solo para atacarlo en la cama y acabar con su vida, mientras el acusado se encargó posteriormente de usar las tarjetas bancarias para retirar dinero en efectivo, parte del cual habría entregado al autor material del crimen.

La defensa niega el asesinato y cuestiona la investigación

La defensa, sin embargo, rechaza de plano la acusación por asesinato y mantiene que Miguel ni siquiera subió a la vivienda la noche de los hechos. El abogado ha subrayado que no se hallaron huellas ni ADN de su cliente en el piso, mientras que sí aparecieron restos genéticos y huellas dactilares de un varón desconocido que nunca ha sido identificado.

Solo admite un delito de estafa por el uso de las tarjetas bancarias, por el que solicita una condena de un año de cárcel y una indemnización de 1.452,16 euros a la familia de la víctima. El letrado ha sido especialmente crítico con la actuación policial, al considerar que la investigación se cerró de forma precipitada. “En menos de 24 horas ya tenían un culpable y trataron de encajar las piezas”, ha afirmado, lamentando que “el verdadero responsable siga en la calle”.

El hallazgo del cuerpo y una convivencia marcada por el secretismo

El portero fue quien descubrió el cadáver. Ha relatado que aquel lunes abrió la portería a las nueve de la mañana y recibió un mensaje del canónigo anunciando que se ausentaría unos días. La forma del mensaje le resultó extraña, aunque no le alarmó porque Alfonso solía desplazarse a su apartamento de la playa.

Horas después, un amigo del sacerdote, preocupado porque no lograba contactar con él, acudió al edificio. Ambos subieron al piso y, tras no obtener respuesta, el portero abrió con la copia de las llaves. La puerta no estaba cerrada y, al asomarse al dormitorio, encontró al canónigo muerto sobre la cama, con signos evidentes de violencia.

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El juicio continuará en los próximos días con la declaración de nuevos testigos y peritos, en una causa que ha vuelto a poner el foco sobre las circunstancias personales de la víctima y las lagunas en torno a la autoría material del crimen.