el faro de motes

¿Hay otras Fallas posibles?

Las fiestas josefinas requieren con urgencia medidas correctoras que modulen el gigantismo, afiancen el argumentario histórico, original e inexportable, avancen en la conciliación entre vida laboral y festiva, racionalicen y hagan sostenible el transporte público y acoten el poder del talonario como factor crucial en el reparto de premios y estandartes

Cremà de la falla de la plaza del Ayuntamiento 2026

Creado:

Actualizado:

Vaya por delante que no exageramos cuando definimos las Fallas como la mejor fiesta del mundo, patrimonio de la humanidad y escaparate de nuestras mejores virtudes como valencianos. 

De nuevo los falleros configuran la mejor red social valenciana, la más vertebradora y edificante, el impacto económico es envidiable y necesario, el espectáculo pirotécnico nos deja ojipláticos en sesión continua y los monumentos ganan cada año en espectacularidad y audacia. 

Bueno sería, además, destacar la figura de las falleras mayores porque son un orgullo y al tiempo poner sordina a quienes acusan a determinadas familias de patrimonializar la fiesta porque decir eso en la tierra de los Borja deja este juicio en ocurrencia banal. Sin embargo, es hoy día 20 de marzo -y no más tarde- cuando hay que abrir el debate sobre si hay otras Fallas posibles, y es bueno hacerlo ahora y no cuando la primavera avanza hacia el estío y por tanto se estacionaliza la cuestión. 

Nuestras fiestas son un episodio singular, único en el mundo, que reúne consensos y, al tiempo, expulsa a decenas de miles de valencianos fuera de la ciudad cada año. No hay éxodo o inmigración interior en España más importante que la que genera la cuatrilogía fallera. ¿Por qué sucede? 

En la edición fallera que ayer concluyó descubrimos la sorprendente conversión a la fe de muchos de los políticos que, hasta hace poco, apostataban de la vinculación entre lo religioso y lo institucional

Pues ocurre porque las fiestas josefinas requieren con urgencia medidas correctoras que modulen el gigantismo, afiancen el argumentario histórico, original e inexportable, avancen en la conciliación entre vida laboral y festiva, racionalicen y hagan sostenible el transporte público y acoten el poder del talonario como factor crucial en el reparto de premios y estandartes. Eso sin entrar en cuestiones como el orden público y la seguridad en un espacio en el que se ha institucionalizado el terrorismo pirotécnico, el vandalismo contra intereses empresariales como los pisos turísticos, las aglomeraciones incontrolables o los despropósitos horarios. 

Fíjense. En la edición fallera que ayer concluyó descubrimos la sorprendente conversión a la fe de muchos de los políticos que, hasta hace poco, apostataban de la vinculación entre lo religioso y lo institucional. Bienvenidos sean quienes cómo Saulo camino de Damasco desfilan ahora ante la Mare de Déu para conectar con el pueblo. No olviden, primero, que la Ofrenda es un acto básicamente religioso. Y segundo, que habiendo acertado al intentar conectar con un pueblo maltrecho emocionalmente tras la Dana a través del homenaje a la Patrona, harían mejor aún si de verdad se ponen a pensar soluciones a las crecientes amenazas que acechan a la fiesta fallera. E insisto, hoy mejor que cuando nos enfundemos el traje de baño.