​La taquicardia de Valencia estalla con la gloria de España en una jornada histórica

Al margen del marcador, una marea roja de 30.000 personas desbordó la plaza del Ayuntamiento de Valencia en la final del Mundial 2026

Castillo de fuegos artificiales en la plaza del Ayuntamiento de Valencia por la victoria de España en el Mundial 2026

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La tarde del domingo 19 de julio en Valencia se presentaba densa, marcada por el calor y la humedad. Las calles y terrazas respiraban fútbol. No se hablaba de otra cosa. Banderas al viento, camisetas de la Selección y el sonido constante de las trompetas y cánticos preparaban el ambiente de una jornada histórica. Una tuna en la calle Arzobispo Mayoral entonaba los acordes de Manolo Escobar y contagiaba su alegría incluso a los turistas ingleses, que se unían al clamor del "Qué viva España".

La comunidad argentina, amplia y presente en la capital del Turia, también vivía con entusiasmo sus horas previas a la derrota. La rivalidad entre dos naciones hermanas era palpable en cada esquina: un bar, decorado con los colores albicelestes y regentado por argentinos, se encontraba abarrotado de 150 compatriotas. Justo enfrente, un restaurante español lucía sus banderas con el mismo orgullo. Era conmovedor ver matrimonios divididos vistiendo ambas camisetas con hijos de doble nacionalidad luciendo banderas mixtas.

Aficcionados en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia

Plaza del Ayuntamiento de Valencia abarrotada para ver la final del Mundial 2026 en pantalla gigante

A pocos metros, en la plaza del Ayuntamiento, se palpaba desde temprano la fiebre por La Roja. El consistorio había instalado una pantalla gigante que, desde las tres de la tarde, ya congregaba a los primeros fanáticos. Seis horas de espera bajo el sol para asegurar un sitio privilegiado y vivir, a lo grande, la victoria de España. Al llegar el minuto final del encuentro, la plaza era un mar rojo de 30.000 personas. 

Durante los momentos previos, la atmósfera se cargó de energía con cánticos tradicionales. Miles de personas gritaban al unísono "¡Sí se puede!" y el inconfundible "Yo soy español, español, español" imposible de leer sin cantarlo por dentro, además de cantar la alineación de la Selección y dedicar abucheos a Agrentina.

Casi se anula la retransmisión por dos sobresaltos. Los medios técnicos pusieron a prueba los nervios de la afición. Tras un fallo en la pantalla durante las pruebas, el inicio del partido pareció estabilizarse, pero los cortes intermitentes provocaron que la imagen se fuera a negro en jugadas clave. Los gritos de desesperación de la aficción, ya de por sí tensa, resonaron en toda la plaza. A este inconveniente se sumó una situación límite. Y es que la Plaza del Ayuntamiento de Valencia se había quedado pequeña ante el sentimiento tan grande que despierta el Mundial. Ahí comenzo el incivismo que casi acaba por estropearlo todo. Decenas de personas se subieron a los tejados de las casetas de las floristerías de la plaza. Ante el riesgo inminente, las autoridades policiales -que contaban con el mayor refuerzo policial del año, equiparándose a una mascletà de Fallas- advirtieron de que la retransmisión se cortaría si no descendían. Fue entonces cuando la propia afición tomó las riendas: ante la desobediencia, fueron los asistentes quienes obligaron a bajar a los intrusos lanzándoles botellas, latas y objetos. Alguno estuvo a punto de precipitarse sobre la marea roja, y según han denunciado posteriormente los floristas, los techos sufrieron desperfectos. En medio del caos, la preocupación también se desató con la pérdida de una niña pequeña, un episodio que esperemos que se resolviera con un pronto reencuentro con sus padres.

Ferrán Torres desató la locura: ¡España es campeona del mundo!Getty Images

Las 21:00 horas. Arranca el pardio de la final del Mundial. La afición padeció ante el juego sucio de Argentina y las constantes faltas que truncaban los intentos de España por golear la meta rival. España dominaba el juego y anulaba a un equipo albiceleste que, ni siquiera con Messi, el mejor jugador del mundo, lograba avanzar. Cada parada de Unai Simón, cada corte de nuestra defensa -la mejor del planeta- y cada pase interceptado eran celebrados por una afición valenciana entregada, que transmitía su energía hasta el otro lado del Atlántico. El malestar creció ante la permisividad del árbitro esloveno, Slavko Vinčić. El público en la plaza se ponía nervioso, se echaba las manos a la cabeza y sacudía las vallas de seguridad. La anulación del gol a Nico Williams, por una falta previa que la repetición puso en entredicho, fue la gota que colmó el vaso. Pero la angustia tenía fecha de caducidad. Finalmente, la plaza estalló en una euforia colectiva cuando el valenciano Ferran Torres perforó la red en la prórroga otorgando la Copa del Mundo a España. 

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El broche de oro a esta noche inolvidable lo puso el Himno de la Comunidad Valenciana y el castillo de fuegos artificiales, un despliegue de luz y color que el Ayuntamiento de Valencia tenía preparado, esperando solo el momento en que España se proclamara, al fin, campeona del mundo, y que fue solo el pistoletazo de salida de una noche larga de celebración. 

Plaza del Ayuntamiento de Valencia durante la final del Mundial 2026