Cultura del esfuerzo
Me deprime la hipocresía de quienes, aun siendo profesionales en la materia, pretenden encontrar en circunstancias aisladas, temporales y recientes el motivo de la enésima demostración de una confrontación tan estéril como tóxica
Hospital Indo Americano de Chemanakary en Kerala (India)
Apurando mi estancia en Kerala, pensaba dedicar una última crónica veraniega al Hospital Indo Americano de Chemanakary (Kerala) fundado por el doctor Kumar Bahuleyan, que ostenta el título de sir por méritos propios y, proviniendo de una de las castas históricamente más humildes de la India, alcanzó la excelencia profesional en EEUU y regresó a su aldea natal para construir primero el Hospital especializado en cerebro y espina dorsal y el College de Fisioterapeutas después, que gozan de merecido prestigio en todo el estado federal. También la Charity que atiende a las personas sin recursos que lo necesitan. Ejemplar y digno de encomio, lo dejo para mejor momento.
Porque, relacionado conceptualmente pese a la distancia, me autoriza el director de ESdiario a adelantarme al fin de semana y ocuparme de esa bomba de relojería que, con el previsiblemente ruidoso principio del curso escolar, ha significado la publicación del Informe PISA de 2025 y los vergonzosos resultados que retratan la enseñanza media en la CV.
Me saca de quicio el cinismo político por el que, como ya es cansinamente habitual con independencia de la gravedad del tema, el objetivo prioritario es endosar la responsabilidad al adversario. Y me deprime la hipocresía de quienes, aun siendo profesionales en la materia, pretenden encontrar en circunstancias aisladas, temporales y recientes el motivo de la enésima demostración de una confrontación tan estéril como tóxica.
Los nefastos resultados de 2025 que acabamos de conocer, testados en una selección de población escolar realizada al efecto y siguiendo normas y metodología rigurosas en mayo de 2025, han sido ya suficientemente glosados e interpretados por los medios de comunicación y por algunos especialistas y expertos en la materia. Los índices de fracaso cantan por soleares.
No es la primera vez que un servidor en su modestia clama públicamente por la cultura del esfuerzo y por el objetivo irrenunciables de excelencia en la formación de nuestros jóvenes. Desde la escuela primaria hasta la universidad.
Seré autocrítico -y de alguna manera nostálgico- recordando mi formación escolar por abnegados profesores, religiosos y seglares, en los Maristas de Alicante. Y, más tarde, en la entonces recién fundada por Román Jiménez Escuela de Arquitectura de Valencia que celebra ya su sexagésimo aniversario, por profesores de proyectos que proyectaban, de urbanismo que hacían planeamiento, de construcción y estructuras que construían. Y de dibujo por artistas y escultores que entonces o después han destacado por su valor profesional.
La sustitución del rigor histórico, humanista y científico por ocurrencias e improvisaciones marcadas por objetivos distintos a los garantes de una formación seria y profunda, ha acaecido más que una enfermedad infantil un morrocotudo disparate social de irreparables consecuencias en gran número de casos y circunstancias. La injustificable renuncia a la cultura del esfuerzo y su involución a un pretendido hábito de autocomplaciente comodidad (“salir de la zona de confort” suele decirse cuando se asume un riesgo medido y una meta intelectual o profesionalmente ambiciosa, como si fuera una heroicidad) ha sido receta placebo para justificar una vagancia que no tiene otra cura que su erradicación.
Me preocupa y me duele especialmente que los estudiantes valencianos constaten su poca sensibilidad medioambiental, precisamente cuando este mismo mes se entregarán en el IVAM los premios del vigésimo concurso escolar del CVC, convocado con el tema ”Incendios, cambio climático y medidas paliativas”, en el que han participado dos mil estudiantes de más de tres decenas de centros de toda la comunidad, con trabajos muy valorados por su contenido y calidad por jurados formados por profesores y expertos en la materia.
Cultura del esfuerzo y metas de excelencia. Lo demás son ochos, nueves y cartas que no ligan.