Oficial: las protestas terminan la Vuelta
Los protestantes pro-Palestina llevaron el caos a Madrid y provocaron la suspensión de la última etapa de la Vuelta.
Los protestantes en Madrid
La Vuelta ciclista a España vivió este domingo un final inesperado y convulso. Lo que debía ser la jornada festiva y de celebración en el centro de Madrid terminó abruptamente con la suspensión de la última etapa, debido a las protestas propalestinas que irrumpieron en el recorrido urbano y alteraron por completo el dispositivo previsto.
La carrera, que tradicionalmente concluye con un desfile triunfal para el líder de la clasificación general y un ambiente relajado en el pelotón, se encontró con un escenario de tensión creciente desde la entrada a la capital. Los ciclistas se vieron obligados a detenerse en la periferia de Madrid cuando grupos de manifestantes ocuparon parte del recorrido, mostrando pancartas y entorpeciendo el paso.
Tras varios minutos de incertidumbre, el pelotón reanudó la marcha bajo condiciones de carrera neutralizada —sin competencia real—, pero apenas pudieron avanzar unos metros antes de detenerse nuevamente. La situación en el circuito final se tornó aún más complicada: en la línea de meta, situada en pleno centro de la ciudad, se produjeron enfrentamientos entre los manifestantes y la policía antidisturbios. Agentes tuvieron que cargar contra los congregados después de que se lanzaran vallas de contención y botellas hacia la zona de seguridad, lo que generó escenas de gran tensión.
Ante la imposibilidad de garantizar un desarrollo seguro, tanto para los corredores como para el público asistente, la organización tomó una decisión sin precedentes: cancelar la última etapa. De este modo, la clasificación general quedó sellada con los resultados de la penúltima jornada, aunque sin el tradicional cierre en la Castellana ni la foto de celebración en Madrid.
El desenlace ha generado sorpresa y debate en el mundo deportivo. Para algunos, se trata de un golpe a la imagen de la Vuelta, cuya última etapa suele ser un escaparate internacional; para otros, la suspensión fue una medida inevitable en un contexto donde la seguridad no podía asegurarse.
Lo cierto es que la edición 2025 pasará a la historia no solo por el rendimiento de los ciclistas y el nombre del campeón, sino también por un final abrupto que recordó la fragilidad del deporte frente a las tensiones sociales y políticas que lo rodean.