BALONCESTO | WNBA
Un exjugador de la NBA desafía las reglas al pedir jugar en la liga femenina
Enes Freedom,pívot profesional de 2,08 metros, anuncia que solicitará entrar en el Draft mientras Sophie Cunningham y otras jugadoras rechazan públicamente la participación de deportistas nacidos hombres en la competición
Enes Freedom, en un partido con los Celtics
La WNBA se enfrenta a uno de los debates más delicados de su historia y un exjugador de la NBA ha decidido llevarlo al límite. Enes Freedom, pívot de 2,08 metros con once temporadas en la mejor liga del mundo, anunció que solicitará entrar en el Draft de la competición femenina para poner a prueba las normas de elegibilidad de la liga estadounidense.
Freedom sostiene que el actual reglamento deja interrogantes abiertos sobre quién puede competir en la WNBA y asegura que quiere comprobar hasta dónde llega realmente esa normativa. Además, el America First Policy Institute (el think tank conservador asociado al America First de Donald Trump) ya ha anunciado que le prestará asistencia jurídica si la liga rechaza su candidatura.
Su movimiento llega en el peor momento para la WNBA. La competición vive una fuerte división interna tras el debate abierto sobre la participación de deportistas trans. La discusión se intensificó después de que varias jugadoras rompieran públicamente el silencio y defendieran que el baloncesto femenino debe reservarse a quienes nacieron mujeres.
La voz más contundente ha sido la de Sophie Cunningham, una de las jugadoras más populares de la liga. La escolta de las Indiana Fever defendió que su postura no responde a una cuestión política, sino a la protección del deporte femenino. "Estoy intentando proteger a las chicas y a las mujeres", afirmó recientemente, unas declaraciones que provocaron un intenso debate dentro y fuera de la competición.
No todas las estrellas han querido entrar en la polémica. Caitlin Clark, el gran fenómeno mediático de la WNBA, evitó posicionarse y dejó la responsabilidad en manos de la propia liga, mientras entrenadoras, directivas y exjugadoras mantienen opiniones muy diferentes sobre un asunto que amenaza con fracturar el baloncesto femenino estadounidense.
La WNBA aprobó este año un nuevo convenio colectivo que establece que únicamente pueden competir "mujeres". Sin embargo, el texto no define expresamente cómo debe interpretarse ese requisito en relación con las personas trans, una indefinición que ha alimentado el debate en los últimos meses.
En ese escenario irrumpe ahora Freedom. Su intención no parece responder a un objetivo deportivo —lleva años alejado de la élite y nunca ha jugado baloncesto femenino— sino a forzar una respuesta oficial de la WNBA sobre una cuestión que divide a la propia competición. Si la liga rechazara su solicitud, el caso podría acabar en los tribunales y convertirse en uno de los litigios deportivos con mayor repercusión de los últimos años.