| 30 de Septiembre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Celta 1 - Real Madrid 4: Modric tira del campeón

En el primer encuentro sin Casemiro en la plantilla, el campeón de Liga goleó en Balaídos sin hacer un extraordinario partido, pero con la misma pegada de la temporada pasada.

| Miguel Queipo Deportes

Con un Modric incomensurable, que se marchó aplaudido por el público rival, el Real Madrid consiguió ganar al Celta en Vigo en el Día I sin Casemiro, el hombre que sujetaba todo. Fue curioso: 1-4 el resultado (con penalti fallado en el tramo final) y primer gol en el minuto 14. El dorsal blanco del brasileño ya del United. Esto de las meigas tiene estas cosas. Benzema, Vinicius, Modric y Valverde marcaron los goles madridistas, Iago Aspas el celtiña.

El Real Madrid se enfrentaba a su primer examen sin ruedines. Porque eso era Casemiro. No era la parte más importante de la bicicleta, ni la más molona, pero sí la que te permitía mantener el equilibrio sin aparente esfuerzo. Podías ir por el camino más escarpado, que estaba Casemiro. Podías tirarte a tumba abierta por una cuesta, que estaba Casemiro. Podías entrar como un loco en una rotonda, que estaba Casemiro. Pero ya no está. Y más le vale al Madrid asimilar que va a caerse unas cuantas veces hasta que aprenda a maniobrar sin la ayuda del brasileño de la cara redonda que siempre estaba.

Ancelotti apostó por volver a alinear a Tchouameni y a Camavinga, como en el estreno liguero en Almería, y el Madrid lo pasó mal. Es cierto que la presencia física de ambos es imponente, pero uno es un recién llegado y el otro sólo lleva una temporada aquí y no tuvo galones. Les falta coger automatismos entre ellos, con sus compañeros, ser capaces de interpretar las situaciones defensivas y saber qué requiere el equipo en ataque… Hay tarea, pero también mimbres en el cesto.

 


El Celta trató de apretar al Madrid justo en la posición donde se desenvolvía Casemiro, y lo hizo con bastante éxito, pero aunque los vigentes campeones ligueros no tengan al brasileño, si mantienen la puntería. El Madrid era muy parsimonioso en su juego, muy poco dinámico, y el centro del campo perdía muchísimos balones. Pero en una jugada a balón parado, un remate de Alaba se estrelló en la mano de Tapia, el VAR chivó el clarísismo penalti (mano involuntaria, pero en este neofútbol las manos involuntarias se pitan siempre) y Benzema marcó de penalti. Era el minuto 14. Precioso homenaje a Casemiro y cuarto penalti que lanza Karim en Vigo en las dos últimas temporadas.

 


Y es que lo de los penaltis es un chiste. En vez de aprovechar el VAR para discernir si las manos en el área son voluntarias o no, para señalar sólo las que son intencionadas, se pitan todas, a propósito o no. Los partidos son eternos. Sale más rentable apuntar a una mano que chutar a puerta. A este paso los equipos estarán repletos de mancos. Apenas nueve minutos después del penalti a favor del Madrid, otra mano igual de involuntaria e igual de clara de Militao provocó el empate, de Iago Aspas, también de penalti. Las penas ‘veñen e van’, como las ondiñas de la Rianxeira.

 


Pero lo que siempre está, no veñe e va, es la puntería del Madrid. El partido era más espeso que una bañera de engrudo, pero al filo del descanso el único superviviente en Balaídos de la MCK, Modric, clavó un zapatazo en la escuadra para mandar a los de Ancelotti por delante en el descanso, y a la vuelta, entre protestas del Celta por una mano de Militao que esta vez no era porque el brazo lo tenía pegado al cuerpo, descerrajó un pase maravilloso a Vinicius para que el brasileño, el más activo de largo de los blancos, driblara a un lentisimo Marchesin y marcara a placer.

 


Modric, no podía ser de otro modo, se fue aplaudido de Balaídos, por un público que siempre ha sentido una especial animadversión hacia todo lo madridista. Quizás sea el último año del croata, quién sabe, pero el homenaje espontáneo de la afición olívica a un futbolista con mayúsculas fue un detalle para no olvidar. El Madrid, por cierto, había ya pulverizado el partido con el cuarto un golazo de Valverde tras una transición velocísima en otra contra monstruosa iniciada por una recuperación de Tchouameni y conducción de Camavinga, mucho más entonados ambos tras el descanso.

 


Sí, el Madrid sin ruedines también va, aunque recuperar a Hazard lo mismo cuesta más después de que fallara un penalti, otro, éste no por manos, en la recta final del partido. Los de Ancelotti se caerán alguna vez, seguro, que esto es un juego. Pero de momento mantienen el equilibrio y el equipo es capaz de ganar en plazas tan complicadas como Balaídos. El campeón está en marcha para defender su título: dos partidos a domicilio, dos victorias. ¡Avanti!