TRIBUNA INVITADA
El Diablo se llama Ábalos
José Luis Ábalos con la cartera de Ministro
No fue solo Koldo. Ni Jesica. El caso Ábalos es la historia de cómo un ministro construyó un sistema de lealtades, contratos y favores en nombre del poder. Y cómo el silencio institucional lo permitió.
"El mayor truco del diablo fue convencernos de que no existía." En la película “Pactar con el Diablo, el personaje de John Milton (Al Pacino) no aparece como un monstruo. Es brillante, carismático, poderoso. Te sonríe mientras te lleva al infierno. En la versión española del guion, ese papel lo podría interpretar José Luis Ábalos, exministro, exsecretario de organización del PSOE, y ahora epicentro de una red que va más allá de la corrupción: una arquitectura de poder construida para protegerse a sí misma.
1. El pacto: poder a cambio de fidelidad
Koldo García era solo el principio. Un esbirro útil. Un escudero. Pero no actuaba solo. Alrededor de Ábalos se fue construyendo, a lo largo de años, una red clientelar de cargos, contratos, favores personales y obediencias incondicionales.
Con la llegada de la pandemia, esa estructura encontró su oportunidad. Adjudicaciones millonarias sin control, comisiones por mascarillas, contactos al margen de la transparencia. Todo gestionado desde el epicentro del poder ministerial, pero con actores secundarios que ahora —convenientemente— intentan cargar con el peso del relato.
2. Jesica, la pieza que desmonta la coartada
La imputación de Jesica, ex asesora muy personal de Ábalos, no solo desmonta su defensa. La expone. La deja sin piel. Porque no era solo su supuesta asesora: era su acompañante habitual, su persona de confianza, su sombra. Viajaba con él, se sentaba a su lado, gestionaba agenda y presencia. Y, según fuentes de la investigación, tenía acceso a documentos, interlocutores y privilegios impropios de su rango formal.
Pero hay más: en el círculo político de entonces, su relación con Ábalos siempre estuvo envuelta en rumores de dependencia personal y trato de favor. Una especie de relación “sugar daddy institucional”, donde el poder abría puertas, protegía y generaba silencio a cambio de lealtad y, presuntos favores sexuales.
Jesica no cayó por accidente. Cayó porque era parte del núcleo, no un peón. Y si ella sabía, si ella firmaba, ¿qué sabía el resto?.
3. La fundación: cuando el poder necesita una máscara legal
La Fundación Fiadelso, vinculada históricamente a Ábalos, se convirtió —según los investigadores— en una posible vía de blanqueo, de entrada de fondos y de cobertura de operaciones internacionales, algunas de ellas vinculadas a propiedades en Colombia y Perú.
No es una ONG. Es una pantalla. Una herramienta más del sistema. Una estructura paralela que permite mover dinero sin la incomodidad de responder ante Hacienda o el Tribunal de Cuentas.
4. Un sistema que protegía al diablo
El mayor escándalo no está en las comisiones. Ni en los audios. Ni siquiera en las cuentas bancarias. El escándalo es que nadie lo paró.
Mientras Koldo firmaba contratos, Jesica gestionaba encuentros y la fundación operaba, el resto del sistema miraba para otro lado. ¿Nadie en el partido? ¿Nadie en el Gobierno? ¿Nadie en los ministerios sabía nada?
La impunidad no nace de la falta de Ley, sino de la falta de voluntad para aplicarla cuando se trata de los tuyos.
5. ¿Y ahora qué? ¿El Diablo cae solo?
La investigación ha llegado al Tribunal Supremo, pero no basta con llevar a juicio a un ministro caído en desgracia. Porque si solo cae él, el sistema se regenera. Si no se desmantela la red, la historia se repetirá con nuevos nombres.
"La vanidad es mi pecado favorito", decía el Diablo. Pero en el caso Ábalos, el pecado ha sido la corrupción consentida, el silencio premiado, y la lealtad como moneda de poder.
Ahora, cuando la luz empieza a filtrarse, queda por ver si caerá solo el personaje... o también quienes le escribieron el guión.
Y tal vez la pregunta no sea si Ábalos es el diablo. Porque en Pactar con el Diablo, Kevin Lomax (Keanu Reeves) pensaba que era el protagonista, cuando en realidad solo era una pieza más del diseño de Milton.
Por lo que resulta obligado hacer una reflexión y mirar “fuera de la madriguera”:Tal vez Ábalos era solo como el personaje interpretado por Keanu Reeves. Y el verdadero diablo sigue sentado en el Consejo de Ministros.