Absentismo es sinónimo de cuesta arriba
Un hombre se queda en la oficina trabajando horas extra
Hay problemas que afectan a todo el tejido empresarial, pero no todos los empresarios los sufren con la misma intensidad. El absentismo laboral es uno de ellos. Para una gran empresa supone un importante sobrecoste; para un joven empresario puede convertirse en un freno a la consolidación de su proyecto.
Las cifras hablan por sí solas. Según los datos presentados por CEOE, el coste del absentismo por contingencias comunes superará los 32.000 millones de euros, con más de 9,2 millones de procesos de baja iniciados en un solo año. Además, las empresas soportan directamente alrededor de 17.000 millones de euros de ese coste. (CEOE)
Sin embargo, detrás de esas cifras macroeconómicas hay una realidad que apenas se visibiliza: la de miles de jóvenes empresarios que están construyendo sus empresas prácticamente desde cero.
Cuando una empresa acaba de nacer, cada trabajador cuenta. No existen grandes estructuras, departamentos duplicados ni capacidad para redistribuir funciones con facilidad. Si una persona falta durante semanas, en muchas ocasiones es el propio empresario quien debe asumir ese trabajo, retrasar proyectos, renunciar a oportunidades comerciales e incluso dejar de atender clientes. En una pyme joven, una ausencia tiene un impacto exponencial.
A ello se suma que el joven empresario suele encontrarse todavía en la fase más delicada de cualquier proyecto: consolidar clientes, generar tesorería, acceder a financiación, ganar credibilidad en el mercado y enfrentarse a sus propios miedos. Cualquier desviación de costes o pérdida de productividad puede retrasar meses el crecimiento de la empresa.
Por eso, desde la juventud empresaria defendemos que el absentismo no debe abordarse únicamente como un problema laboral, sino también como un reto de competitividad y de supervivencia empresarial. Hablar de este fenómeno no significa cuestionar el derecho de cualquier trabajador a recuperarse cuando está enfermo, ¡faltaría más!. Centrémonos en lo boyante: significa reconocer que el sistema necesita ser más ágil y ofrecer respuestas que no trasladen todo el peso económico y organizativo a quienes generan empleo.
Si queremos que más jóvenes se animen a emprender, no basta con pedirles que asuman riesgos. También debemos evitar que soporten cargas que ponen en peligro proyectos que aún están dando sus primeros pasos y las instituciones tienen que estar ahí para poner límites.