18 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El deterioro definitivo de los sindicatos por posicionarse con los golpistas

Las centrales viven del erario público de un Estado al que, sin embargo, debilitan. Su postura en Cataluña junto al secesionismo es un escándalo político que no puede quedar impune.

| ESdiario Editorial

 

 

Las secciones catalanas de CC.OO y UGT se han posicionado a favor de los secesionistas casi desde el primer momento, bien por acción u omisión: su respaldo a los profesores denunciados por la fiscalía tras amedrentar sus alumnos hijos de guardias civiles y su participación a favor de los autodenominados 'presos políticos' son los dos hitos más relevantes de una nefanda trayectoria de complicidad con el 'procés' que, en realidad, ha sido absoluta.

Porque todo lo que no sea estar con la Constitución, el Estado de Derecho y la democracia es, se haga de forma activa o pasiva, un ejercicio de blanqueamiento y sintonía con un movimiento antidemocrático que está llevando a España, y desde luego a Cataluña, a la peor inestabilidad institucional desde 1978.

Es inaceptable que se posiciones con los profesores acosadores o con los 'presos políticos' y que no pase nada

Resulta vergonzoso que dos centrales supuestamente nacionales, reconocidas constitucionalmente con una naturaleza jurídica representativa del conjunto de los trabajadores, se presten a tan perverso e ilegal juego, ayudando a partidos y dirigentes próximos al fascismo y la xenofobia a simular ser víctimas de una inexistente represión y paladines, por contra, de una ficticia democracia.

Y aunque las direcciones nacionales de ambos sindicatos no hayan compartido expresamente la estrategia de sus delegaciones catalanas, no intervenirlas, repudiando sus decisiones y expedientando a sus responsables; equivale sin duda a tolerarlas y comprenderlas.

Sectarismo y escándalos

Por si esto fuera poco, la presencia sindical en el bochornoso acto en Francia de disolución de ETA, desarrollado con una indignante liturgia incompatible con las andanzas criminales de la banda y de sus cómplices, remata definitivamente un crédito que ya estaba prácticamente agotado tras años de escándalos, ineficacia, sectarismo y derroches.

 

Los sindicatos, tan distintos y útiles en buena parte de Europa, son en España un vestigio que vive del erario público

 

El caso de los profesores de Sant Andreu de la Barca, investigados por acosar a sus propios alumnos por razones ideológicas, cruza todas las líneas rojas y adentrar a las centrales en el terreno de la ignominia más deleznable, ésa que abandona a las víctimas y se posiciona ovinamente al lado del poderoso, del agresor o del delincuente.

No puede salirles gratis, especialmente en un momento de desafío nacionalpopulista que parece querer tomar la calle como sustituta de las instituciones, sirviéndose causas nobles e innobles para, en realidad, zaherir a la estructura del Estado y a sus poderes democráticos al objeto indisimulable de hacerse con el control o, al menos, generar el caos.

 

No es tolerable que los sindicatos participen en las grandes decisiones públicas -desde las pensiones hasta la negociación colectiva-, con un gran impacto en la estructura y el futuro del país no siempre favorable; y que luego se transformen en arietes de opciones políticas que oscilan entre la frivolidad y la agresión al orden legal.

¿Cerca del fin?

El poco peso de los máximos dirigentes, la falta de renovación en sus organizaciones, el anquilosamiento de sus postulados, la concentración en el ámbito público casi estrictamente y sus devaneos políticos con los peores perfilan un paisaje demoledor para la centrales y explica la falta de aprecio de los ciudadanos, en un fenómeno difícil ya de revertir.

Los sindicatos, tan distintos y útiles en buena parte de Europa como proveedores de servicios para los trabajadores, son en España un vestigio del pasado que vive del erario público, protagoniza reiterados escándalos y se arrima a causas innobles para intentar adecentarlas, en vano. Con ese retrato, su futuro sólo puede ser la desaparición o su sustitución paulatina por otras siglas que, de hecho, ya están proliferando en sectores clave. Se lo han ganado a pulso.