| 22 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El objetivo no es el Rey Juan Carlos, sino la España constitucional

PP, PSOE y Ciudadanos deben frenar la burda campaña del nacionalpopulismo para utilizar al Rey Emérito como coartada para discutir la España constitucional y su Monarquía parlamentaria.

| ESdiario Editorial

 

 

Por muy desagradables o indignantes que pudieran ser algunas de las actividades del Rey Emérito, la campaña lanzada contra él por el nacionalpopulismo de Iglesias, Otegi, Puigdemont y Garzón no obedece al deseo de aclararlas en buena lid, sino al inconfesable objetivo de derribar a la Corona y a quien ahora mismo la ostenta con enorme dignidad, Felipe VI.

Tramitar una Comisión de Investigación por las conversaciones interceptadas a una siniestra pseudodiplomática, la impresentable Corinna, no sólo eleva a categoría institucional todo lo que cualquiera con despecho o mala fe quiere contar de cualquier cargo público; sino que además destapa las intenciones de la coalición promotora: debilitar  a quien consideran, una vez derribado ya el Gobierno de Rajoy, el penúltimo obstáculo para sus lamentables planes.

 

Que son, en un caso, acabar con el llamado despectivamente 'Régimen del 78' y, en el otro, tener algo más sencillo fundar la República de Cataluña. Es obvio que la Monarquía parlamentaria juega un papel decisivo en la continuidad de aquel salto de la Dictadura a la democracia y, también, simboliza la unidad territorial de una Nación que proteger la soberanía de todos a través de la Constitución.

Ataque orquestado

No es pues un ataque destinado a aclarar unos hechos que ciertamente serían bochornosos; sino una campaña perfectamente orquestada para desacreditar y laminar, si ello es posible, al Rey que el pasado invierno contribuyó decisivamente, con un recordado discurso, a frenar el Golpe de Estado perpetrado por el independentismo catalán.

 

 

La confluencia entre separatistas y populistas no es nueva y, de facto, constituye una pinza activa desde hace meses en la demolición de la arquitectura institucional de España: denigrar la Transición, reclamar un referéndum a favor de la República o imponer la independencia forman parte de la misma coalición rupturista que ahora, además, se aprovecha de la debilidad de un Gobierno conformado gracias a esos apoyos parlamentarios.

Juan Carlos I fue la primera víctima del populismo. PP, PSOE y C's han de frenar que la monarquía parlamentaria sea la segunda

Sobre Juan Carlos I, primera víctima del populismo en España con su abdicación, conviene agradecerle su papel cuando estaba en activo y su discreción para pasar el relevo a su hijo, cuya actitud, profesionalidad y entrega han sido impecables y productivas para España desde el primer momento.

Frenarlo, una obligación

Las criticas que algunos de sus fallos pudieran merecer no dan, en ningún caso, ni para desmontar su legado ni para contagiar a su sucesor. Y mucho menos para poner en entredicho a una institución clave para entender el salto al progreso y la democracia experimentado por España desde hace cuarenta años. Frenar esa escalada es una obligación de PSOE, PP y Ciudadanos que han de asumir sin dilaciones ni ambages: el objetivo no es un Rey jubilado, sino la mera existencia de la España constitucional, ya tan amenazada.