| 29 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Irene Montero
Irene Montero

Los delirios sexuales de Irene Montero se convierten en ley con Pedro Sánchez

La "Ley trans" es un despropósito delirante que transforma en norma la visión trastornada que tiene el Ministerio de Igualdad de la propia naturaleza del ser humano.

| ESdiario Editorial

 

El Gobierno, por la presión de Podemos y la debilidad del PSOE, está a punto de aprobar otra de sus delirantes leyes ideológicas que, bajo el pretexto de regular mejor el estatus de los transexuales, impone una visión negacionista del género humano y trivializa hasta un punto insoportable la condición sexual de las personas.

Según este despropósito, cualquier persona de más de 16 años podrá cambiar de sexo con solo comunicárselo al Registro Civil si, a los tres meses, ratifica ese deseo sin ningún de control médico, psicológico o paternal, en el caso de los menores de edad. Y además, se apuntala la supuesta existencia de un tercer género, el llamado "no binario", para personas que no se sienten ni hombre ni mujer.

 

Que haya sido el movimiento feminista quien más rotundamente se ha opuesto a este desvarío impulsado por el Ministerio de Irene Montero deja bien clara la naturaleza de una ley que degrada la condición de mujer al concedérsela, de manera exprés, a cualquiera que un buen día diga serlo. De repente, los derechos que ellas han conquistado con décadas de lucha y resistencia, se conceden a cualquiera que simplemente diga serlo, sin comprobar incluso las razones.

¿Y si son parte de una estrategia legal para reducir la tipología penal de ciertos delitos? ¿Va a competir un hombre en una categoría deportiva femenina solo con apuntarse a un Registro Civil y cambiarse de nombre? ¿Y en una oposición donde el género puntúe más? ¿Dónde queda la atención médica para aquellos casos de menores que, tal vez, necesiten mucho más a un especialista que a un funcionario del registro? Son solo algunos de los múltiples interrogantes que suscita este asunto.

Montero convierte la visión trastornada que su equipo tiene de la condición humana en una ley que no ayuda a nadie

Pero por encima de todo ello, queda la desasosegante sensación de que algunos son capaces de legislar contra la naturaleza y contra el ser humano, elevando a derecho incondicional lo que, en el mejor de los caos, es un derecho limitado a casos muy concretos y condicionado por una serie de filtros imprescindibles.

La atención a los transexuales, que sin duda existen, merece una reflexión serena que una sociedad madura ha de abordar para evitar dramas personales. Pero esa metamorfosis necesita una supervisión intensa por sus traumáticas consecuencias. La "Ley Trans" va mucho más lejos y utiliza esa excusa para extender un manto ideológico que no beneficia a nadie y, por contra, degrada de manera bochornosa a todos.