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Salvador Illa, en su despedida

Salvador Illa, un lobo con piel de cordero que deja un desastre y provocará otro

Abandonar Sanidad en el peor momento de la pandemia, tras una gestión nefasta de la que no se arrepiente, retrata la naturaleza del candidato del PSC y de su promotor, Pedro Sánchez.

| ESdiario Editorial

 

Que un ministro de Sanidad abandone sus funciones en el peor momento del peor problema imaginable en su área, contradice ya de entrada la pretendida seriedad de Salvador Illa, a quien debe juzgarse por lo que hace y no por lo que dice.

Y desde esa premisa, poco bueno puede decirse  ni de su gestión ni de su marcha. La primera ha estado marcada por un compendio de errores, negligencias y falsedades bien sencillas de resumir con datos incontestables: España sufrió la pandemia en marzo como nadie, por la escandalosa imprevisión de un Gobierno advertido de lo que venía; y vuelve a hacerlo en enero, con la peor tasa de incidencia de los países grandes de Europa.

Todo ello trufado por un inaceptable ocultismo, que incluye la negación de la cifra real de muertos; la acumulación de demandas judiciales; los sistemáticos varapalos del Consejo de Transparencia; las compras de material sanitario tardías y fallidas o, entre tantos otros escándalos, la inexistencia de un Comité de Expertos al que se apelaba incluso para imponer una merma de las libertades básicas con el estado de alarma.

Illa ha dedicado más tiempo a ocultar su nefasta gestión que a mejorarla. Y va a Cataluña a lo mismo

Que con esa lamentable trayectoria Salvador Illa se marche y además sostenga que no se arrepiente "de nada", retrata al personaje real que se cobija bajo un disfraz sobrevalorado de político moderado que tal vez lo sea de palabra, pero no desde luego por su proceder: radical en la ineficacia y contundente en la trampa para maquillar la realidad.

 

Además, su relevo retrata también a su máximo promotor, un presidente que antepone su agenda política a la hecatombe sanitaria y económica y convierte las adversidades, por graves que sean, en una oportunidad para imponer más fácilmente y con menos escrúpulos sus objetivos.

Porque Illa va a intentar aplicar en Barcelona la misma alianza vigente en Madrid, con un intercambio de favores entre Moncloa y la Generalitat que aleja la moderación, el diálogo transversal y los pactos de Estado del centro de la vida política española. Y profundiza en la división social y en la dependencia de Sánchez de esa coalición que, de manera voluntaria, ha sellado con Podemos y el separatismo desde 2018.