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Sánchez, de fiesta ¿Qué celebra?

Sólo faltó Carles Puigdemont, el prófugo que ha hecho posible que el líder socialista pueda seguir instalado en la Moncloa, cada vez más alejado de la realidad

Mitin de Sánchez en Ifema

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El PSOE organizó este domingo una fiesta socialista para celebrar la investidura de Pedro Sánchez. Sólo faltó Carles Puigdemont, el prófugo que ha hecho posible que el líder socialista pueda seguir instalado en la Moncloa, cada vez más alejado de la realidad. Media España no solo no tiene nada que celebrar sino que vive en un duelo permanente, no porque no acepte los resultados de la urnas, como dice el socialista, sino porque no acepta que un presidente del Gobierno de su país pueda carecer de escrúpulos y de principios.

Su fiesta de partido fue como él, una patraña. No faltaron decenas de banderas de España repartidas a modo de atrezzo a la entrada, que sus acólitos ondeaban con el mismo entusiasmo que la amnistía, por necesidades del guion que escribe Sánchez.

El acto no fue en la calle, donde no se atreve a salir. Tuvo lugar en Ifema, resguardado detrás de la muralla que quiere levantar para resistir junto a sus socios separatistas y delincuentes de distinto pelaje. Al otro lado del muro pretende dejar a la mitad de los españoles que no dan crédito a lo que está sucediendo y a los que él trata como apestados.

Pedro Sánchez actúa ya sin miramientos de ninguna clase, siempre con el mismo patrón: el beneficio de Pedro Sánchez. Por eso dijo lo que dijo en Israel, porque pensaba no en el discurso que conviene a España sino en lo que aquí querían oír sus socios de Sumar y su propia militancia. El viaje fue tan desastroso que solo ha servido para que un aliado como Israel deje de hablarnos y para que una organización terrorista felicite a nuestro presidente del Gobierno. ¡Qué horror! Bueno, también ha servido para que Sánchez reciba muchos aplausos de los suyos.

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