07 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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La bancada socialista, aplaudiendo la ley de eutanasia

El Gobierno de Sánchez ofrece más rápido la eutanasia que la vacuna

Nadie discute la necesidad de los cuidados paliativos para morir sin dolor cuando ya es inviable la vida. Pero la eutanasia va más lejos y abre un siniestro camino sin límites.

| ESdiario Editorial

 

El Congreso aprobó este jueves entre sonrojantes aplausos el último trámite de la Ley de Eutanasia, que estará en vigor en tres meses y formará parte de la cartera de servicios del sistema público sanitario: desde junio, en determinadas circunstancias de salud, el Estado se encargará de acabar con la vida de ciudadanos a los que no se les ofrecerá una alternativa paliativa suficiente.

Y lo hará incluso a domicilio, haciendo constar en los certificados de defunción, como causa, la "muerte natural", lo que suscita una duda al respecto de la contabilidad formal de esta tétrica reforma. En cualquier circunstancia una ley así es lamentable, pero en una situación de pandemia con 100.000 fallecidos resulta cruel.

En cualquier situación, sin emergencia sanitaria también, legalizar la muerte asistida desde el Estado es una barbaridad. Pero especialmente en una caracterizada por las listas de espera inmensas en especialidades vitales; la atención médica básica prestada por teléfono y la vacunación casi paralizada.

El Gobierno confunde el respaldo social a una Ley de Cuidados Paliativos eficaz y con recursos con el apoyo a una Ley inhumana que solo ofrece, como respuesta al sufrimiento, la legalización de la muerte asistida por el mismo Estado que no sufraga un dentista.

Morir sin dolor cuando la vida es inviable se logra con paliativos. La eutanasia es otra cosa, inhumana y siniestra

El Comité de Bioética de España, dependiente de los Ministerios de Sanidad y de Ciencia, se ha opuesto tajantemente a considerar un derecho la eutanasia. Pero el órgano consultivo del Gobierno ha sido una vez más ignorado.

El Gobierno confunde también, con premeditación siniestra,  el derecho a morir sin dolor cuando la vida ya no es viable con el derecho a que te maten cuando no tienes ganas de vivir. Y abre un camino peligroso que otros países como Holanda ya sufren.

 

Cuando se reconoce un “derecho” así para unos casos, se abre el camino para que se acabe reconociendo en cualquier caso, hasta el punto de que ERC planteó una enmienda para que pudiera ejercerse desde los 16 años. 

La eutanasia, por último, es una invitación a morir a los más débiles, desfavorecidos y solitarios, a los que no se les ofrece otra alternativa que una sociedad decente siempre buscaría. No hay nada menos progresista que incentivar el suicidio, como ha denunciado hasta el Partido Comunista Portugués.