| 17 de Febrero de 2024 Director Antonio Martín Beaumont

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Nacho Cano y Díaz Ayuso
Nacho Cano y Díaz Ayuso

Si el teatro fuera de Almodóvar o Bardem no protestarían como con Nacho Cano

La izquierda más sectaria ataca el emprendimiento y a la alicaída cultura si las creencias de un promotor no coinciden con sus imposiciones. Este caso es de libro.

| ESdiario Editorial

 

El artista Nacho Cano sufre en estas horas una intensa campaña política y mediática tras conocerse sus planes de construir un gran teatro en un solar en Madrid, en desuso desde hace décadas, con la colaboración de las autoridades madrileñas y sin ningún gasto de las Administraciones Públicas.

Su amistad con Isabel Díaz Ayuso, pública y notoria, es el frágil argumento esgrimido para convertir una osada operación de riesgo personal en un inexistente caso de clientelismo, como si esa relación fuera el detonante de su proyecto y, además, se lo pusiera en bandeja gratis y para obtener suculentas ganancias.

 

La realidad es bien distinta: de prosperar la idea, Cano arriesgará sus propios recursos en un momento complejo para toda actividad empresarial en general y casi dramático para el mundo cultural en particular: en el mejor de los casos, logrará la cesión de un descampado cuya alternativa al teatro es seguir siendo un erial infrautilizado.

Pero ni la evidencia de los hechos ha valido para que la práctica totalidad de la izquierda madrileña y nacional se haya lanzado en tromba contra el creador, por razones obvias: no le reprochan el proyecto, que merecería su aplauso de llevar la firma de Almodóvar o Bardem, sino la cercanía personal y tal vez política del promotor al PP de Ayuso.

SI en lugar de Nacho Cano los promotores del teatro fueran Almodóvar o Bardem, todo serían aplausos. Merecidos, sin duda

El desprecio con que ha acogido la idea la jefa de la oposición de "Más Madrid", Mónica García, resume esa mezcla de sectarismo e hipocresía que caracteriza a este tipo de izquierda: se apoya a la cultura, sí; pero solo si quienes la encarnan cumplen los requisitos ideológicos debidos.

Sectarismo cultural

Patrimonializar cualquier ámbito desde una trinchera política termina por degradarlo, y eso ha pasado desgraciadamente con la cultura en España por mor de algunos de sus más ilustres nombres: lejos de auxiliar a su campo, han logrado el rechazo de amplias capas sociales llevadas por la sensación de que ver una de sus películas, comprar uno de sus discos o acudir a una de sus funciones equivalía a financiar a quienes, al terminar, les insultaban por votar libremente.

El caso de Nacho Cano resucita esa amarga sensación, nunca desaparecida, de que en España no se juzgan los hechos por su naturaleza, conveniencia o beneficio general; sino por algo tan ramplón como la identidad, las creencias o las opiniones de sus protagonistas. Lamentable.