| 27 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Sánchez y Yolanda Díaz saliendo de La Moncloa.
Pedro Sánchez y Yolanda Díaz saliendo de La Moncloa.

Sánchez quiere atar en corto a Unidas Podemos y endosarle todo el desgaste

Cercanos al presidente apuestan por redefinir cuanto antes la coordinación entre socialistas y morados tras la salida de Iglesias, Calvo, Redondo, Ábalos y el cambio de papel de Lastra.

| Antonio Martín Beaumont España

 

De récord en récord y sin fin aparente. El recibo de la luz está disparado en niveles nunca vistos. Lejos quedan los tiempos en que PSOE y Podemos denunciaban la codicia de las eléctricas y machacaban al PP de Mariano Rajoy por ser “cómplice de sus intereses”.

Entonces, sin pudor, aseguraban que sólo la izquierda podía bajar la factura. Ahora el Gobierno es la oposición de antaño y el equipo de Pedro Sánchez ve cómo Unidas Podemos “tira de demagogia” en busca de visibilidad rescatando ese ADN ruidoso tan propio de los de Pablo Iglesias.

Los intentos de Sánchez por desactivar la impresión de que va como pollo sin cabeza se van perdiendo entre la polvareda que levanta su socio de coalición. Los españoles cada vez están más soliviantados con el precio de la luz. La queja por la incompetencia gubernamental no deja de crecer.

¿Dónde está el escudo social del Gobierno?

La agenda social del Gobierno se ha difuminado. ¿Dónde queda todo aquello de la sensibilidad con la “pobreza energética” o del “escudo social” para no dejar a nadie atrás? Hipocresía. Cortinas de humo. Mientras, el equipo presidencial se atrinchera en la complejidad de la materia que tiene entre manos. “No tenemos una varita mágica”, llegan a sostener como excusa.

Con estos mimbres, y después de la “deslealtad” del ala minoritaria del Consejo de Ministros al registrar en el Congreso la creación de una empresa pública energética, cercanos al presidente apuestan por redefinir cuanto antes la coordinación entre socialistas y morados, por más que haya sido un foro olvidado en año y medio de cohabitación. Solo se han reunido un puñado de veces. Redefinición “obligada además – sostienen– ante la salida de Carmen Calvo, José Luis Ábalos e Iván Redondo o el cambio de papel de Adriana Lastra”. 

 

Todos miran obsesionados unas encuestas que pronostican un enorme castigo. El desgaste parece imparable, por mucho que se busque instalar en la opinión pública la sensación de la remontada. Además, a estas alturas de la legislatura, una improbable ruptura de las relaciones entre PSOE y Unidas Podemos pasaría una factura insoportable a ambas partes.

 

Se odian pero se necesitan. Son la viva imagen de la fábula del escorpión sobre la rana en mitad del río. La pretensión, evidentemente, es intentar llegar con algo de oxígeno a las generales de 2023. Pero hace ya un par de meses, desde la angustiosa remodelación gubernamental del verano, que los estrategas monclovitas buscan sin ningún éxito dar con la tecla que permita a Sánchez reconectar con el electorado.